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Según una encuesta realizada por la agencia británica ACNielsen, a principios del siglo pasado las personas dormían alrededor de nueve horas, en la década de los 70 el tiempo había disminuido a 7.

¿Las causas? trabajo, estrés y… la televisión, entre otras. La mayoría de quienes trabajan fuera de casa duermen menos de seis horas y eso daña la salud y la estética. En las mujeres esa situación propicia un aumento de peso.

Se dice que Albert Einstein no podía pensar si no había dormido un mínimo de 10 horas; en cambio, Napoleón y Thomas Alva Edison sólo necesitaban cuatro. En general se desconoce con exactitud qué exigencia de sueño tiene cada organismo, pero sí se ha establecido que se debe dormir un mínimo de cinco a seis horas y un máximo de nueve a diez.

Según la encuesta realizada por ACNielsen, los australianos son los más dormilones del planeta, pues necesitan un promedio de nueve horas de sueño; en cambio los japoneses sólo necesitan cinco.

El doctor Eduard Estivill, director de la Unidad de Alteraciones del Sueño del Institut Dexeus de Barcelona, afirma que el tiempo que alguien duerme no depende de la actividad física, sexo o nacionalidad, sino de las necesidades individuales de cada uno. El factor que sí influye es la edad; un bebé necesita, aproximadamente, 16 horas de sueño al día; los adolescentes, nueve; y los adultos, entre cinco y nueve horas diarias.

El doctor Reyes Haro Valencia, director de la Clínica de Trastornos del Sueño de la UNAM, señala que la tercera parte de la población mexicana no duerme bien, y la alteración más frecuente es el insomnio.”Según la Organización Mundial de la Salud y la Federación Mundial de Sociedades de Sueño, se recomiendan como mínimo siete horas de descanso; de no tenerlas, se ve afectado el estado de alerta y, en consecuencia, aumenta la probabilidad de tener accidentes. Nuestro organismo se debilita y estamos expuestos a diversas enfermedades” explica. “Hay quienes dicen que sólo necesitan seis, cinco o hasta cuatro horas de sueño, pero se pasan todo el día consumiendo estimulantes como café, tabaco o refrescos de cola. Además, presentan dolor de cabeza, nuca y espalda e irritabilidad, entre otros trastornos“, asegura el doctor Reyes Haro.

Por otro lado la narcolepsia es más frecuente de lo que se piensa. Su incidencia en países occidentales se sitúa entre el 0.2 y 2.6 por 1000. Está tan extendida como la enfermedad de Parkinson o la esclerosis múltiple y es más frecuente que la fibrosis quística, aunque menos conocida. La narcolepsia es un trastorno del sueño de origen neurológico. La principal característica de la narcolepsia es la excesiva somnolencia diurna. El paciente suele sentirse amodorrado, bien continuamente o en diferentes momentos del día. A veces la somnolencia es tan repentina y tan intensa que se denomina “ataque de sueño”. Algunas personas pueden tener varios ataques de sueño durante el día. Los ataques de sueño pueden durar desde pocos minutos a más de una hora.

Durante el sueño recuperamos energía y obtenemos múltiples beneficios para todo el organismo. Incluso existe una relación directa entre dormir y estar guapos. Las horas de sueño son lo mejor para que la piel repare los daños que recibe durante el día (debido a la contaminación, los radicales libres, etc.), dado que las células se oxigenan al máximo. De ahí que las cremas y demás productos cosméticos que se aplican al ir a dormir resulten más efectivos, al sumar la capacidad de la epidermis para renovarse con la acción de ciertos componentes que aceleran aún más ese proceso. Y así, mientras que los principales ingredientes de las cremas de día son los hidratantes, los tratamientos nocturnos suelen basarse en compuestos reparadores, reafirmantes, antioxidantes, regeneradores, antiarrugas y blanqueadores.

Hace años se hablaba incluso de las “curas de sueño“, a las que supuestamente se sometían las estrellas del espectáculo. Según los expertos se ha malinterpretado la noción de las curas de sueño, pues no se trata de que el paciente duerma una semana completa, sino de que tenga las condiciones idóneas para un sueño reparador. Hay clínicas en Suiza donde brindan este tratamiento y se trata solamente de sitios adecuados para dormir. Se proporciona una terapia integral que tiene que ver con relajación muscular y, en casos necesarios, fármacos. Una cura de sueño, estrictamente hablando, se refiere a la solución de un trastorno de esta actividad y todos tienen solución. Existen ciertos hoteles donde se practica yoga, meditación, fines de semana de silencio, y otras actividades que propician un sueño reparador.

Etapas del sueño

El proceso del sueño se divide en cinco fases: la I y la II de sueño ligero, la III y la IV de sueño profundo y la fase REM (Rapid eyes movement). Durante las fases de sueño profundo el movimiento muscular se detiene y las ondas cerebrales son muy lentas, por lo que es muy difícil despertar. El sonambulismo y los terrores nocturnos suelen ocurrir durante el sueño profundo. Se segrega además, en mayor proporción, la hormona del crecimiento, que favorece la multiplicación de las células, que en los adultos sirven para regenerar o reemplazar tejidos viejos.

La revista American Journal of Epidemiology revela que las personas con pocos recursos económicos generalmente duermen menos. La Universidad Case Western Reserve, en Cleveland, Ohio, ha revelado que las mujeres que duermen un promedio de cinco horas diarias tienen un 32% más de probabilidades de aumentar de peso. Un estudio publicado en la revista Psychosomatic Medicine, encabezado por el doctor Michael Grandex, señala que dormir en exceso también resulta perjudicial y se vincula directamente con la depresión. Según la Universidad de Chicago, la mujer logra dormirse, como media, a los 13 minutos de haber apoyado la cabeza en la almohada; en cambio los hombres tardan 18 minutos en conciliar el sueño. También según el estudio, aunque ellas duermen más, descansan menos.

Patologías del sueño

Las patologías del sueño van en aumento. Y es que entre un 10% y un 15% de la población sufre algún tipo de trastorno del sueño que le obliga a consultar al médico.

En la lista de este tipo de enfermedades, las apneas obstructivas del sueño (SAOS) ocupan ya el segundo lugar, únicamente precedidas por el insomnio. Un 10% de la población las sufre, y casi la mitad de los casos es grave, un calificativo que utilizan los médicos cuando el paciente tiene paradas respiratorias que duran unos 30 segundos, con una frecuencia entre 20 y 30 por hora. Los paros respiratorios alteran las hormonas que regulan el apetito, la leptina y la grelina.

El aumento de esta patología del sueño va de la mano de otra, la obesidad. La obesidad hace que “la musculatura que mantiene la vía superior abierta no funcione bien, por lo que se dan paradas respiratorias con mayor frecuencia“, explica Josep Maria Montserrat, investigador de la Unidad Multidisciplinar del sueño del hospital Clínic de Barcelona y miembro del comité organizador del Congreso Internacional de Enfermedades del Sueño celebrado el pasado mes de octubre en Barcelona.

Los expertos en el estudio del sueño también han observado una clara relación entre la obesidad, la apnea y el desarrollo de enfermedades cardiovasculares y se plantean una pregunta: ¿Qué es primero, la apnea, la obesidad o la hipertensión? Aunque la obesidad parezca estar en el origen de estas dos patologías, para Javier Nieto, investigador del departamento de epidemiología y salud pública de la Universidad de Wisconsin, la apnea podría ser precisamente el factor desencadenante. “La obesidad causa apnea, pero la apnea complica la obesidad. La falta de suministro de oxígeno y los pequeños despertares que conlleva derivan en diferentes desórdenes metabólicos. Se altera la producción de diferentes hormonas, como la leptina y la grelina, las hormonas que regulan el apetito“, explica Nieto. Además, “la persona que sufre apneas severas tiene sueño durante el día y se mueve poco“.

Del mismo modo, “la apnea puede ser importante en los dos factores más importantes para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares: la hipertensión y la diabetes“, explica el investigador. “En cada episodio de apnea sube la tensión arterial, por lo que si no se cuida podría desencadenar en una hipertensión arterial crónica“, afirma Nieto. Aunque esta correlación resulta controvertida, cada vez son más los estudios que la respaldan. Patrick Levy, director de investigación del Instituto del Sueño y de la Vigilancia del Inserm, ha realizado recientemente un estudio con 67 pacientes que sufrían apnea nocturna y ha podido confirmar que todos ellos sufrían hipertensión. Del mismo modo, la apnea también incide en los niveles de glucosa.

El no dormir bien de noche a causa de estas interrupciones nocturnas de la respiración tiene su contrapartida durante el día. Las personas que sufren apnea están agotadas y pueden dormirse sin darse cuenta. Además, la falta de oxígeno por estas interrupciones incide sobre funciones cognitivas como la memoria y la atención. Según los expertos, esto supone un peligro a la hora de desarrollar actividades que requieren de concentración y aumenta el riesgo de accidentes laborales y de tráfico. “La persona que sufre apneas tiene un 40% más de posibilidades de tener algún accidente de tráfico“, explica Montserrat.

Estudios realizados por el Inserm demuestran que “en las personas que sufren apneas existe un déficit de atención que supone un retraso en el tiempo de reacción de medio segundo ante una situación inesperada, como puede ser algún percance al volante“, según Patrick Levy. Los dos investigadores indican que las normas de tráfico deberían ser más estrictas a la hora de controlar si las personas que poseen el carné de conducir sufren apneas.

La normativa española contempla que, igual que otras patologías como la epilepsia o la diabetes, la apnea y la narcolepsia deben ser controladas en las revisiones médicas del carné de conducir. Sin embargo, cuando los conductores se someten a revisiones médicas periódicas, “muchas veces el facultativo no se lo pregunta, o si se lo pregunta el conductor miente“, afirma Montserrat. Los expertos europeos piden mayores controles, por lo que se han unido en el proyecto europeo Cost Action con el propósito de presionar a las autoridades competentes en cada país.

Los expertos también coinciden en que tratar la apnea puede prevenir las enfermedades cardiovasculares. Para detectarla, es importante observar el propio sueño. “No todas las personas que roncan desarrollan apneas, pero el roncador que tiene sueño durante el día, seguramente las padece“, explica Montserrat.

La apnea se asocia a la hiperactividad en niños

Las patologías del sueño pueden asociarse a otras enfermedades como la hiperactividad en niños o las dolencias cardiovasculares y neurodegenerativas en adultos. Los niños que roncan tienen un rendimiento cognitivo inferior en la escuela, según datos de distintos estudios. Al parecer, las apneas provocan una disminución de aporte de oxígeno al cerebro y los niños presentan un cerebro más sensible que el de los adultos. Todo ello apunta a que los ronquidos en niños no son tan inocuos como se creía hasta ahora.

Recientemente, se ha observado la existencia de una asociación entre las apneas del sueño y la hiperactividad en niños, ha explicado Joan Santamaría Cano, presidente del comité organizador del Congreso Internacional de Enfermedades del Sueño, junto a Josep Maria Montserrat. Ambos son además integrantes de la unidad multidisciplinar del sueño del Hospital Clínico de Barcelona.

Uno de los asuntos que se han puesto sobre la mesa en el congreso de Barcelona ha sido la asociación entre las apneas y la hiperactividad en la infancia, pues, según una reciente hipótesis, las apneas del sueño podrían ser un desencadenante o un factor agravante de esta patología. Además, se ha visto que el diagnóstico de síndrome de piernas inquietas en niños podría ser una primera manifestación de hiperactividad.

En la población de adultos cada vez son más los estudios que apoyan la relación entre apneas y patología cardiovascular. Uno de estos trabajos ha sido realizado por el grupo de Francisco Javier Nieto, del Departamento de Epidemiología de la Universidad de Wisconsin. El estudio se ha efectuado en 400 pacientes con más de 15 apneas por hora y que, inicialmente, no tenían hipertensión arterial ni otras enfermedades cardiovasculares. Los pacientes fueron divididos en dos grupos, uno de los cuales recibió tratamiento y otro no. Tras un seguimiento de cuatro años se registraron un 40 por ciento de casos de HTA entre los pacientes que no habían sido tratados y que, al iniciar el estudio, presentaban cifras de presión arterial normales. Este resultado, entre otros, denota que la apnea incrementa el riesgo de padecer HTA, ha señalado Santamaría. Sin embargo, por el momento no se ha esclarecido si el tratamiento con las mascarillas (CPAP) disminuye las cifras de presión arterial a los niveles originales.

Otra hipótesis que cada vez cobra más fuerza es que el trastorno del sueño de la fase REM puede ser la antesala de enfermedades neurodegerativas como el Parkinson o el Alzheimer. Este trastorno se suele presentar en hombres de 50 ó 60 años (aunque puede haber mujeres afectadas) que, de repente, se agitan y mueven más durante el sueño y que antes dormían plácidamente.

En los últimos años también se ha observado otro trastorno según el cual hay personas que se despiertan por la noche y, de forma involuntaria, se dan atracones y cocinan semidormidas haciendo mezclas extrañas, según Santamaría.

En el caso de la narcolepsia pesa la duda acerca de si los pacientes que padecen tanto este trastorno del sueño como apneas se benefician del tratamiento. Con los medios diagnósticos disponibles, el test de las latencias del sueño múltiples, se trata de esclarecer cuáles son los límites entre la somnolencia normal y la narcolepsia, que suele tardar en diagnosticarse.

Técnicos asturianos investigan un sensor para controlar las enfermedades del sueño sin acudir al hospital

Actualmente en Asturias unas mil personas sufren trastornos del sueño como narcolepsia o apnea. Técnicos asturianos participan en un proyecto europeo que permitirá controlar el sueño a personas que padecen estos trastornos sin necesidad de acudir al hospital como ocurre actualmente. El proyecto de monitorización del sueño en el hogar se está desarrollando a través de la Fundación del Centro que se encarga de analizar la viabilidad de un prototipo de sensor inalámbrico que permitiría a los pacientes controlar sus horas de descanso.

Además de Asturias, participa la Universidad de Dublín (Irlanda), que diseñó el prototipo, y el Hospital de Valdecilla de Santander, que se encarga de la visión médica, entre otros socios. La investigación se enmarca dentro del proyecto europeo ESTIIC para el fomento del uso de la tecnología, la innovación y la sociedad de la información en favor de la comunidad.

El objetivo final de la investigación es diseñar un sensor inalámbrico, sin contacto, “igual de fiable” que los vigentes en la actualidad que se conectan al paciente para detectar los trastornos del sueño. El nuevo sistema “tardará en ponerse a la venta en el mercado ya que requiere requisitos de afinación muy altos“, señalaron los investigadores del CTIC, pero adelantaron que “durante este año se realizarán dentro del proyecto ensayos clínicos para comprobar la validez del sistema“. El nuevo sensor, una vez validado, se colocaría cerca del paciente pero sin llegar a tocarlo, y mediante un radar recogería información sobre los parámetros del sueño del paciente, como la respiración o el ritmo cardiaco.

La novedad de este sistema en relación con el actual deriva en la posibilidad de que sean los propios afectados los que recojan la información. El sensor se conectaría al televisor de manera que cualquier usuario pudiera acceder a la información y después la enviaría por Internet al centro de atención primaria o al hospital de referencia. De esta manera se agilizarían los diagnósticos de estos trastornos del sueño, ya que los hospitales tienen listas de espera de meses e incluso años para poder someterse a las pruebas de detección tras las que se da el tratamiento o las pautas de actuación.

Además, el nuevo sistema es “mucho menos intrusivo y más cómodo para el paciente“, explicaron los investigadores que analizan si el prototipo tiene las mismas garantías de acierto que el actual sistema. Las pruebas actuales consisten en que los pacientes seleccionados de los más de 1.000 que existen en Asturias, según los investigadores del proyecto, unos dos o tres por sesión, deben pernoctar en la Unidad del Sueño del hospital para que el sensor, al que tienen que conectarse para dormir, analice su comportamiento durante el descanso.

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