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La bacteria Clostridium Botulinum, antes temida como responsable del Botulismo, hoy es objeto de deseo: ¡su veneno es capaz de paralizar los músculos!

Y eso es, al parecer, lo que quieren las mujeres: detener el tiempo y corren hacia la toxina botulínica, Botox, como un recurso rápido para conseguirlo.

Este elixir de la juventud detiene el movimiento de los músculos durante seis meses y, al hacerlo, detiene también la formación de las arrugas en la piel, creando así un aspecto más terso y joven. Pero su uso indiscriminado puede llegar a convertirse en una adicción, que los profesionales de la medicina estética han llegado a comparar con la dependencia a los estupefacientes. Porque para muchas mujeres se ha convertido en una droga para sus caras y siempre quieren más, hasta dejarse unos rostros irreconocibles e inmóviles, que empeoran con cada sesión.

Ahí tenemos el ejemplo de famosas que han perdido la medida en cuanto a la aplicación de la toxina, como Marcia Cross y Teri Hatcher (Amas de casa desesperadas), Cher o Nicole Kidman, quienes ante el temor de envejecer, han dañado su apariencia facial, ahora casi irreconocible. Otra que también deja ver en su rostro lo que ha causado el botox en demasía es la sexy Kim Cattrall (Samantha Jones en Sexo en Nueva York).

La aplicación de esta técnica en cirugía y para un fin exclusivamente estético, aprobada en EE.UU. en el año 2002, ha causado polémica y no es para menos; porque si bien en pequeñas dosis es un gran avance en la cosmética y la cirugía plástica, la sobredosis o la mala aplicación de esta toxina puede dar al rostro un efecto inerte, con facciones paralizadas e inexpresivas, con un resultado de rostros que provocan más miedo que atracción. Otro de los inconvenientes del veneno es que ante su abuso el cuerpo crea defensas naturales contra la toxina y ésta no tiene ningún efecto. El abuso del botox, por muchos médicos que lo permiten y mujeres que lo solicitan, ha degenerado en una especie de bellos monstruos.

Saltan las alarmas ante casos como el del famoso dermatólogo Arnold W. Klein, conocido en Hollywood como el señor botox porque ha inyectado la terapia antienvejecimiento a miles de personas, entre ellas Michael Jackson y Liz Taylor, quien fue llevado a juicio por la modelo Irena Medavoy acusándole de mala praxis, según ella, tras haberle inyectado una sobredosis y no advertirle de los peligros, le provocó debilidad muscular, problemas respiratorios, disfasia y pérdida de peso. En EE.UU. este juicio pone en riesgo el jugoso mercado de las inyecciones de botox y amenaza con descubrir algunos secretos de este elixir.

Mientras las empresas se defienden. Allergan, una de las marcas con la que se comercializa la toxina botulínica tipo A rechaza las acusaciones de que el botox sea adictivo: “botox es un tratamiento de efectos temporales, por lo que es natural que los pacientes deseen repetir la aplicación, cuando sus resultados son satisfactorios y seguros. No se trata de una dependencia, de un vicio, sino del deseo natural del ser humano de reflejar una buena apariencia. Más importante aún, el término adictivo expresa un significado vago y más bien debería el estudio referirse a un término más apropiado y preciso que describa alta satisfacción para el paciente después de recibir el tratamiento.”

En España el Ministerio de Sanidad prohibió su uso. Ya que la utilización de dicha toxina se popularizó hasta tal punto que se aplicaba en peluquerías, gimnasios, institutos de belleza con el riesgo que conlleva el no ser indicado por un profesional de la medicina, más concretamente por un cirujano plástico. Posteriormente tras un periodo de estudio y de calma el ministerio autoriza con otro nombre el mismo principio activo, donde la legislación obliga a ser expedido en farmacias hospitalarias a los médicos con la titulación precisa.

Desde su aprobación, en España, hace dos años, el uso del botox para tratamientos de belleza ha sufrido un aumento de la demanda del 100%. Las cifras se incrementan de un modo desorbitado, con 35.000 pacientes que se trataron en el 2004 frente a los 75.000 previstos para cuando finalice el presente año. De ellos, un 5% son hombres, la mayoría entre 35 y 40 años, con un objetivo: suavizar el entrecejo y las patas de gallo.

La Dirección General de Farmacia y el Colegio de Médicos y las transferencias sanitarias en las distintas autonomías deben vigilar dicha legislación, para evitar la vuelta a los institutos de belleza, gimnasios y peluquerías.

La utilización de la toxina botulínica no es inocua, existen contraindicaciones y efectos adversos relacionados con cada paciente, que sólo los médicos conocen. Por lo tanto, al ser un tratamiento médico debe ser instaurado y seguido por un profesional. De esta manera son poco probables los efectos adversos. La utilización del botox es hoy en día muy segura y abarca un gran abanico de posibilidades dentro de la estética. Su uso indiscriminado, sin medida, como todas las cosas, puede ser que tenga sus consecuencias, pero se trata de casos aislados. En cualquier caso si el botox puede provocar adicción o no habrá que dejárselo a los expertos, lo que si es cierto es que, todavía, es imposible detener el tiempo. spot ¿Adictos al Botox?

¿Adictos al Botox?
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