El periodo de gestación es un importante factor de riesgo, tanto en el inicio como en el desarrollo de las varices.

La consulta por aparición o empeoramiento de las varices durante el embarazo es una situación muy frecuente, que puede llegar hasta el 40% de las pacientes embarazadas, tal y como asegura Jaime Hospedales, miembro del Capítulo Español de Flebología. El experto subraya que “la clínica que acompaña a estas varices es muy variable y los síntomas y signos más frecuentes son edemas (hinchazón de las piernas), sensación de pesadez, calambres nocturnos y dolor“.

Las varices aparecen y empeoran durante el embarazo “debido a múltiples factores, desde el estatus hormonal, al aumento de la volemia (el volumen total de sangre de un individuo, es decir la proporción de agua respecto a la cantidad de metabolitos y células), pasando por el obstáculo mecánico que supone el útero gravídico y su relación con las estructuras venosas vecinas. Son los mismos factores que además de favorecer la aparición de varices, también favorecen la aparición de otros cuadros relacionados, como son las hemorroides y las varices vulvares“.

Precisa el miembro del Capítulo Español de Flebología que “la aparición o empeoramiento de las varices y la sintomatología que las acompañan va incrementándose conforme trascurre la gestación, siendo más importante en el tercer trimestre del embarazo“. Aunque la incidencia de complicaciones es baja (inferior al 1% de las pacientes), Jaime Hospedales matiza que “pueden presentarse cuadros como la varicoflebitis. Su tratamiento dependerá de la extensión y localización del cuadro varicoso existente y va desde la administración de antiinflamatorios hasta el drenaje de la vena trombosada.

No hay unanimidad en cual es el mejor tratamiento, o si es necesaria la administración sistemática de heparina de bajo peso molecular en el tratamiento de estos episodios”. Otras posibles complicaciones vasculares son “la trombosis venosa profunda, aunque ésta no está estrictamente relacionada con la aparición de varices“. Además, “la aparición de cordones o bultos dolorosos e indurados en zona de varices o el edema de aparición rápida en una extremidad son signos que obligan a consultar con el médico“.

A este respecto, el miembro del Capítulo Español de Flebología advierte que “una consulta con el angiólogo y cirujano vascular puede ayudar a mitigar tanto la progresión como la sintomatología que acompaña a estas varices. También puede indicar medidas adicionales para prevenir posibles complicaciones en la evolución de sus varices“. No es un asunto fácil de corregir. No en vano, Jaime Hospedales matiza que “el tratamiento quirúrgico de las varices no está indicado durante el embarazo, salvo complicaciones muy concretas.

Está formalmente contraindicada la esclerosis de varices durante la gestación. El empleo de medias elásticas de compresión decreciente pueden mejorar el cuadro y, aunque no parece disminuir de forma importante la aparición de varices, sí mejora la sintomatología y la gravedad de la misma, por ejemplo, parece prevenir la aparición de reflujo en los troncos safenos, lo que iría a favor de la reversibilidad del cuadro después del parto”. “En caso de sintomatología importante”, puntualiza el experto, “puede asociarse el consumo de fármacos durante el tercer trimestre del embarazo.

Hay estudios que indican que la administración de rutósidos, por ejemplo, mejora la sintomatología asociada, pero solo deben indicarse en caso de sintomatología importante”. Otros consejos que pueden ayudar a mejorar la sintomatología son “el ejercicio regular (caminar, ejercicios en el agua), dormir sobre el costado izquierdo (disminuye la compresión por el útero sobre las venas abdominales, como la vena cava inferior), elevar las extremidades cuado esté sentada, los baños de agua fría…”.

Es importante remarcar que “muchas de las varices que aparecen durante el embarazo, desaparecen o mejoran durante los meses que siguen al parto, por lo que parece recomendable esperar un tiempo prudencial, como mínimo de tres meses, antes de valorar cualquier tipo de tratamiento (esclerosis, cirugía, endoláser…).

Durante este tiempo, el empleo de compresión elástica puede ayudar a la mejoría de los síntomas que producen las varices. También otros trastornos venosos relacionados con el embarazo, como las hemorroides o las varices vulvares suelen desaparecer o mejorar tras el parto”. Una vez transcurrido este tiempo, el especialista en Angiología y cirugía Vascular, “tras la realización de un estudio completo que incluya un eco-Doppler venoso para valorar la hemodinámica, valorará el tratamiento más efectivo para las varices que hayan podido quedar“.

Un punto en el que no existe consenso científico es el que hace referencia a la postura que ha de tomar una paciente con varices y que planifica un futuro embarazo. ¿Debe o no intervenirse? “En mi opinión“, subraya el especialista, “esto dependerá de la tipología de las varices. Un estudio hemodinámico puede decantar una u otra opción de tratamiento. En la actualidad existen tratamientos poco agresivos como el CHIVA, que pueden hacer que estas mujeres con varices, no sufran complicaciones y presenten menos molestias durante su futuro embarazo. Estas pacientes requerirán un seguimiento más estricto en la consulta del cirujano vascular“. Otra cuestión a debate afecta a la situación de aquella paciente que ha sufrido complicaciones o muchas molestias por sus varices durante el embarazo. En opinión de Hospedales, “estas pacientes deberían ser tratadas antes de un posterior embarazo, aun sabiendo que este puede provocar aparición de nuevas varices“.

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