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Son alimentos relacionados con la salud: “coma mucho de esto porque así vivirá más”, “beba esto para prevenir tal enfermedad”. Es la nutrición para una vida óptima.

De lo que eran, hasta hace poco, unas recomendaciones dietéticas: “no tome grasa saturada, no tome sal”, hemos pasado a decir: “coma esto porque así vivirá más”o “tome este producto y se deprimirá menos”. Es la alimentación para tratar y prevenir la enfermedad, donde funciona como algo más allá de lo que es un alimento natural.

Es el alimento-medicamento, lo que se está llamando: nutracéutica, una especialidad biotecnológica en la que se identifican alimentos y productos naturales que posean alguna actividad terapéutica para su utilización en el tratamiento y prevención de enfermedades: “el uso del alimento como medicamento”.

Y así, unos reducen eficazmente los niveles de colesterol y triglicéridos en sangre, otros aumentan las defensas naturales del organismo, algunos disminuyen el ácido úrico, los hay que protegen el hígado y varios más tienen una actividad antioxidante, optimizan la capacidad cognitiva, ralentizan el envejecimiento celular, suponen un aporte proteico o regulan el metabolismo.

Los nutracéuticos, sustancias químicas o biológicas que se presentan en forma de preparados específicos (cápsulas, comprimidos, soluciones, polvos) o en forma de componentes de determinados alimentos de consumo habitual, y que dicen aportar beneficios para la salud tanto para prevenir como para tratar enfermedades, llegan un poco más lejos. Los nutracéuticos están en la frontera entre el alimento y el medicamento y reclaman un espacio legal propio que tenga en cuenta sus características y que permita desarrollar todo su potencial terapéutico, más allá de lo que son: un suplemento dietético.

Nutracéuticos, complementos alimenticios o suplementos dietéticos, alimentos enriquecidos, dicen mejorar una o más funciones fisiológicas, ejercer una acción preventiva y/o curativa y mejorar la calidad de vida. Pero estas afirmaciones son siempre parciales, porque no hay datos que las sustenten y al parecer, en la inmensa mayoría de los casos, no hay pruebas fehacientes. Hemos estado, por ejemplo, años oyendo decir en la publicidad que el pan no tiene colesterol, y naturalmente que no lo tiene. Se dice que el ketchup de una marca tiene licopenos que son buenísimos, cuando el tomate natural tiene más. O que existen alimentos con calorías negativas, lo que es una barbaridad, porque no existen las calorías negativas.

Publicidad alimentaria

La publicidad comercial puede servir para estimular hábitos alimentarios saludables, pero también puede contribuir a dietas deficientes. La propaganda, que incluye anuncios sobre alimentos, es difícil de controlar. Las etiquetas de nutrición enumeran el contenido de algunas vitaminas y minerales que no son causa de graves carencias y no son de importancia para la salud pública del país donde se consumen los productos. Además de los datos sobre el contenido de nutrientes de los alimentos y quizás los porcentajes de los Aportes Dietéticos Recomendados, las etiquetas de los alimentos algunas veces suministran también otra información nutricional, por ejemplo, afirmaciones nutricionales, como «libre de colesterol», «bajo en calorías», «alto contenido de fibra», o «sin azúcar». Según la FAO los países necesitan examinar estas afirmaciones para determinar su exactitud y quizás evaluar su eficacia. Puede ser importante establecer criterios obligatorios para estas afirmaciones nutricionales. El consumidor necesita un organismo independiente que elabore, resuma y le dé una visión adecuada y no verdades parciales que aumentan su confusión.

Casi todos los países esperan que tales avisos sean ciertos, la verdad en los anuncios es una expectativa básica. La inquietud sobre las afirmaciones nutricionales en las etiquetas de los alimentos se aplica también a los anuncios que se hacen para presentar productos y servicios. La propaganda, particularmente la publicidad en televisión, de alimentos poco apropiados para los niños ha sido el tema de una gran crítica y se manifiesta en muchos informes. Muchos países tienen acuerdos sobre el principio de regular la publicidad de los sucedáneos de la leche materna, y varios han adoptado normas legales a este respecto.

Aunque hay profesionales que están trabajando en la medicina antienvejecimiento, y pueden determinar niveles de radicales libres, de vitaminas, y personalizar un poco los tratamientos, la OMS insiste en que nunca un complemento puede sustituir lo que es un patrón alimentario correcto. Pero es menos esnob seguir una consigna tan simple como “5 al día” que tomarse un brócoli de no sé donde.

Los nutrientes que aportan energía son llamados nutrientes energéticos o macronutrientes: Proteínas. Grasas. Carbohidratos. Según los últimos estudios nuestra alimentación actual, en términos de nutrientes, es excesivamente calórica para la vida que llevamos. Las recomendaciones para tener un equilibrio alimentario aconsejan tomar un 30-35% de calorías en forma de grasa, y estamos en el 40-45%. Y además, de una grasa no visible, porque todo el mundo sabe que no tiene que tomar tocino, pero tomamos la grasa incorporada a productos cárnicos elaborados, a bollería, a bolsas de fritos. Y es que comemos demasiadas proteínas (estamos en el 20%) y no nos hace falta, no deberíamos sobrepasar el 10-15%. Y de esta manera sobrecargamos nuestro sistema metabólico, el hígado y los riñones. Tomamos pocos hidratos de carbono, pasta, arroz, cereales y, sobre todo, verduras, hortalizas y fruta, cuando deberíamos estar entre el 50-55% del total diario.

Dicen los expertos que habría que recuperar un desayuno copioso; una comida al mediodía, una versión rápida, porque ya nadie puede comer en casa, de la comida de cuchara, de una riqueza tradicional enorme. Una versión aligerada del plato único, no necesitamos comer dos platos. Llevar la comida al trabajo y calentarla en un microondas, las alubias con almejas, el cocido, la pasta… Modernizar un poco nuestra herencia gastronómica que nos permite hacer una comida saciante y voluminosa con fibra y hortaliza, que contiene menos grasa y un poquito menos de proteína de la que tomamos, y que nos da la posibilidad de no tener tanta hambre por la noche y hacer cenas más ligeras. Muchas veces se toma a mediodía un sándwich o similar; que en términos calóricos es igual que si se comiera unos espaguetis con carne picada, y que mientras lo primero apenas sacia y nos hace tener una auténtica compulsión por la noche, una comida más voluminosa nos sacia más y nos aporta muchos nutrientes.

Y es que estamos olvidando la legumbre que es el alimento estrella, el alimento funcional por excelencia, que aporta cero grasa, una proteína de excelente calidad, una fibra estupenda y vitamina del grupo B.

Nuestro estilo de vida alimentario es peor porque estamos comiendo alimentos procesados que no contienen antioxidantes y el mundo urbano está ahora lleno de radiaciones ionizantes por las ondas, por la energía nuclear que nos llega, las emisiones de gases, etc.; estamos mucho más sujetos a la oxidación y necesitamos, probablemente, más antioxidantes que hace 100 años.

En esta esquizofrenia en la que vivimos en la que, la abundancia de alimentos por un lado, y la gran presión para estar delgado por otro, ejercen una presión tan fuerte que desequilibra a las personas. Nos encontramos con que hay el doble de bulimias y trastornos por atracones. Los atracones son lo mismo que las bulimias, pero sin conductas purgativas. Una persona que tiene atracones siempre es obesa porque no toma laxantes, no vomita. Hay personas para las cuales el comer mucho, el estar obeso, desempeña un papel de defensa ante los demás, y cuando desaparece esa capa de grasa, que inconscientemente actúa como un parapeto detrás del cual contemplan el mundo agazapadas, cuando tienen la posibilidad de ser aceptadas y tener otras relaciones, empeoran. En cambio, para tener la talla 38 la mayor parte de la humanidad necesita no comer o vomitar. Como eso no es posible genera una ansiedad brutal que nos arruga más y nos hace enfermar. La mujer está imitando lo peor del hombre y el hombre lo peor de la mujer. Ojalá las mujeres no saquen el espíritu más competitivo del hombre y los hombres no se neuroticen por el físico como muchas mujeres.

Si tuviéramos ahora mismo la evidencia científica de que tomando una “pastillita” que tuviera tanto de vitamina A, tanto de vitamina E, tanto de carotenos, tanto de licopenos y tanto de omega3 no íbamos a envejecer, sería estupendo, pero no es verdad. En este momento, la única receta que tenemos es la buena nutrición optimizada, sin tomar nada artificial; el ejercicio físico, el intelecto, el humor, la diversión y cultivar el espíritu. Eso es algo que no incluimos en la lucha contra el envejecimiento, cultivar el espíritu. Y Lo dicen los neurólogos: es bueno para la prevención del deterioro cognitivo; porque en definitiva el cerebro es un músculo y el reírse es bueno para la salud, alarga la vida. Comemos para sobrevivir; pero, también, si tenemos un mal día, si estamos contentos. La función no nutricional del comer, la emocional, es muy importante. Intentar relegar los alimentos a algo puramente funcional convierte el acto natural de comer en una difícil tarea. No olvidemos que, como dicen: ¡”Somos lo que comemos”!

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