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En repetidas ocasiones los nutricionistas han insistido que la comida más importante del día es el desayuno, pues aporta gran parte de la energía que se consume a lo largo del día. Sin embargo, el desayuno sigue siendo la comida que más se descuida.

Levantarse un poco antes para desayunar

La mayoría de las veces desayunar de forma adecuada depende tan sólo de levantarse un poco antes. Mucha gente dice preferir dormir 20 minutos más antes que levantarse con tiempo suficiente para poder desayunar de forma conveniente y poder llevar a cabo las actividades diarias con éxito. Otra excusa es cuando las personas dicen tener el “estomago cerrado” a determinadas horas de la mañana. No obstante, se trata sólo de habituar al cuerpo a una ingesta mañanera que al fin de al cabo no le va a aportar más que beneficios. Por último, estaría un tercer grupo que pretende adelgazar suprimiendo el desayuno. Este grupo estaría totalmente equivocado pues desayunar no solamente no engorda, ya que la energía que se toma se gasta a lo largo del día, sino que puede hacer que la persona llegue a la comida con un apetito insaciable, lo cual a la larga es perjudicial para perder peso.

Desayunar al levantarse

Conviene desayunar para iniciar las actividades diarias que llevan un desgaste de energía. Esto no implica que a media-mañana se tome algo, pero nunca como sustitución de la primera comida de la mañana, el desayuno, sino como un sabio complemento. Está comprobado por los nutricionistas que aquellas personas que desayunan bien suelen estar delgadas como lo prueba un estudio publicado en el American Journal of Clinical nutrition. Se trata pues de buscar alimentos que nos gusten y que a su vez sean saludables, procurando evitar la bollería industrial.

El desayuno ideal para “cargar baterías”

Un desayuno apropiado tiene que aportar una tercera parte de las calorías que se hayan consumido en el día y contribuir a que nuestro cuerpo reciba el “combustible” necesario que le permita hacer frente a todas las actividades diarias tanto físicas como intelectuales. El desayuno ideal se compondrá de algún producto lácteo que aporte calcio y proteínas; cereales que nos suministren hidratos de carbono que son “la gasolina” del músculo; y frutas que aporten vitaminas para hacer frente a las enfermedades. Como conclusión un buen desayuno puede cambiar nuestra forma de afrontar el día: hacernos intelectualmente más activos y mantener nuestro estado de ánimo más elevado. 

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