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Un dolor difuso y permanente y una sensación de tristeza y depresión acompaña a lo largo de su vida a un millón de españoles.

Es conocida como una de las enfermedades ocultas del siglo XXI pese a su influencia en la calidad la vida. No en vano, en España, padecen fibromialgia cerca de 1.000.000 personas, y si bien “no existe un perfil característico del paciente tipo”, tal y como asegura Benigno Casanueva, autor del primer tratado sobre fibromialgia que se edita en España y ponente en la undécima sesión de Encuentros con la Salud, “aunque un alto porcentaje de personas afectadas son mujeres jóvenes de entre 30 y 50 años”. Casanueva afirma que “el 75 por ciento de los reumatólogos reconoce no tener formación específica”.

La fibromialgia está considerada como la principal causa de dolor crónico generalizado y afecta, aproximadamente, a un 2 por ciento de la población, con una frecuencia de un 4,2 por ciento en las mujeres y un 0,5 en los hombres. Casanueva precisa que “la fibromialgia es la segunda enfermedad reumática más compleja, por detrás de la artritis reumatoide. No en vano, están recogidos 75 síntomas diferentes que configuran la enfermedad”. Su prevalencia es tal que Benigno Casanueva estima que entre el cuatro y el seis por ciento de las personas que acuden a la Asistencia primaria lo hacen con dolores provocados por esta patología, porcentaje que se eleva casi al veinte por ciento cuando se trata de de la consulta de reumatología”.

Un dolor permanente y generalizado en todo el cuerpo, la pérdida de fuerzas y, de manera asociada, cuadros de tristeza y depresión acompañan a los enfermos que padecen una patología “sobre la que cuesta conseguir el reconocimiento de incapacidad, pese a que reduce de manera drástica la calidad de vida de los pacientes. El dolor crónico es capaz de afectar a las facetas personal, familiar, social, laboral, emocional y física de los pacientes produciendo un importante deterioro. Cuanto más larga sea la duración del cuadro doloroso, mayor es la probabilidad de que las alteraciones psicológicas, de conducta o psiquiátricas sean más importantes”.

El criterio mantenido por algunos médicos de que la fibromialgia no existe es una de las principales razones por las que esta patología se ha convertido en un foco de polémica. “Es increíble que aún haya médicos que duden de la existencia de esta enfermedad. De todas formas”, subraya el especialista, “no existe un conocimiento profundo sobre el paradigma del dolor crónico difuso. No se conocen con exactitud los mecanismos de sensibilización central y periférica y esa falta de información provoca uno de los principales problemas de esta patología; el retraso en el diagnóstico”.

No es un asunto baladí. Casanueva asegura que “la media del retraso diagnóstico es de doce años, aunque existen casos extremos como el de pacientes que han convivido con la enfermedad sin diagnosticar más de medio siglo”. A la hora de facilitar el diagnóstico Casanueva sugiere que “cuando un paciente llega a una consulta con dolor difuso y no responde a los tratamientos con antiinflamatorios el médico de atención primaria debe sospechar sobre la existencia de un cuadro de flebología”.

Los especialistas de reumatología poseen algunas otras herramientas de control. “Existen 18 puntos del cuerpo humano llamados miofasciales, con mayor sensibilidad al dolor y que permite diagnosticar la enfermedad. Para que pueda considerarse un cuadro de fibromialgia deberá tener una respuesta en forma de dolor, por lo menos, en once de ellos.

¿Qué tratamiento responde con mayor eficacia a este problema? Benigno Casanueva expone algunas soluciones, “siempre desde la consideración de que al menos la mitad de las personas afectadas no responden a las mismas. Así, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) aprobó la pregabalina cápsulas CV para el manejo de Fibromialgia, en julio del 2007 y, si bien la eficacia de este medicamento está contrastada en cuadros leves, pierde intensidad a medida que se agrava la patología”.

Casanueva recomienda, no obstante, “un tratamiento multidisciplinar. Más allá de la aportación farmacológica, existen terapias cognitivo-conductuales que ayudan al paciente a minimizar los estragos de una enfermedad que conlleva un estigma consigo: la consideración del otro de que lo que tienes es cuento chino”.

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