La implantación de protesis mamarias ya tiene un amplio recorrido médico, pero su evolución tecnológica ha permitido actualmente tal perfección en la forma y consistencia de las mismas que se ha convertido en la segunda intervención de cirugía estética más practicada en Europa y América.

En la actualidad, las prótesis mamarias están fabricadas con una silicona especial de varias capas, en lo referente a su envoltorio. Lo que distingue los dos tipos principales que se utilizan es el relleno de su interior:

  • Gel cohesivo de silicona. Los implantes más fiables y extendidos son los rellenos con un gel blando que presenta un alto grado de cohesividad. De esta manera se asegura que, en el poco probable caso de que hubiera una rotura, el material no se desplazaría hacia los tejidos corporales vecinos, con los perjuicios que eso podría ocasionar. Otra de sus ventajas es que no mantienen una forma permanente, sino que se modifica con los movimientos, presentando aspecto y tacto más natural.
  • Suero fisiológico. Las prótesis rellenas de suero fisiológico están diseñadas con una válvula unidireccional en la parte superior, por donde el cirujano introduce por un tubo el relleno con una solución salina, hasta alcanzar el volumen deseado. El aspecto es más rígido y firme que en las anteriores, pero la incisión necesaria para su implante es más pequeña, pues la prótesis se coloca sin rellenar. En caso de rotura o pinchazo, tampoco supone ningún peligro, porque la solución salina es absorbida sin problemas por el cuerpo.

Cuando se toma la decisión de realizar un aumento mamario, una de las posibles dudas que puedes tener es el tipo de prótesis que te conviene más. Atendiendo a su colocación, pueden ser retroglandulares (tras la mama), retropectorales (tras el músculo pectoral) o en plano dual (mitad superior tras el músculo y la otra mitad tras la glándula mamaria).

Según su forma, las mujeres intervenidas para un aumento mamario pueden optar entre prótesis redondas o anatómicas. Es importante tener en cuenta la fisonomía particular, estribando la principal diferencia en la parte superior, donde se produce la transición entre clavícula y principio de la propia mama.

  • El implante redondo asemeja a una esfera dividida por su mitad. En este caso, la transición será más redondeada y menos suave. En una paciente no muy delgada y con una cantidad notable de grasa y piel en la parte superior, no existirá gran diferencia.
  • Las prótesis mamarias anatómicas se parecen por su forma a una gota, distribuyendo el volumen de forma distinta, más similar a la original de la mama. La transición será más progresiva y suave, creciendo en volumen hacia abajo. En pacientes delgadas se notará mucho la forma de perfil, siendo bastante más natural el aspecto de este tipo de prótesis.

La evolución ha sido importante, porque las anteriores protesis mamarias que se utilizaban para las operaciones de aumento mamario, realizadas en silicona convencional, presentaban unas altas tasas de rotura y su contenido migraba peligrosamente hacia las zonas cercanas del cuerpo. La sustitución por gel cohesivo ha conseguido, además de las ventajas de seguridad apuntadas, un tacto más compacto.

Anteriormente, se apuntaba a la necesidad de cambiar las prótesis mamarias en un periodo de 10 años. Esta creencia respondía a recomendaciones de un organismo sanitario norteamericano, que hacía referencia a las anteriores prótesis de silicona convencional. Estas prevenciones ya están absolutamente superadas. La seguridad que sus fabricantes tienen en estos nuevos implantes es tal que pueden ofrecer una garantía de por vida. Esto quiere decir que no es necesario cambiarlos, aunque lógicamente, siempre sería necesario un seguimiento. Nunca se pueden descartar las cirugías adicionales, ante la muy poco probable posibilidad de que exista una rotura, o que se presente una contractura capsular.

Las roturas de las actuales prótesis se pueden deber a algún tipo de golpe contra un objeto punzante. Ante esto, las compuestas de suero salino son más sensibles, pues al ser de composición más líquida pueden no quedar atrapado el relleno en su interior, como ocurre con el gel de alta cohesividad de los implantes de gel de silicona. En cualquier caso, sería completamente inocua, porque el suero se absorbe sin consecuencias por el organismo.

En cuanto a la posibilidad de sufrir una contractura capsular tras un aumento mamario, ésta surge como respuesta del organismo a las prótesis, teniendo su origen en unas bacterias conocidas como “biofilm”, a las que el cuerpo puede atacar de manera desproporcionada, provocando deformaciones o endurecimientos molestos que sí obligarían al cambio de las prótesis.

En definitiva, parece que hoy en día la intervención de aumento mamario con prótesis ya es totalmente segura, al menos en lo referente a las prótesis. Eso sí, siempre dando por hecho que se empleen prótesis de calidad contrastada, aprobadas por el Ministerio de Sanidad. No vayamos a tener luego problemas, como ocurrió con las afectadas por las prótesis PIP.

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