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Nadie duda ya de lo malo que es fumar. Los científicos cada vez están más de acuerdo sobre lo pernicioso de este hábito y una vez más se descubre de manera más rotunda que no sólo es malo para el fumador sino para aquellos que le rodean.

Un hábito pernicioso

La comunidad científica ha dejado bien claro a lo largo de estos últimos años de lo negativo para la salud de este consumo nocivo. Muchas de las enfermedades actuales y gran parte de los cánceres encuentran una relación muy estrecha con el uso del tabaco así como problemas de tipo pulmonar y bronquial. El tabaco por si sólo, es la principal causa de mortalidad en los Estados Unidos, y su consumo acelera de forma considerable una de las máquinas vitales para el funcionamiento de nuestro cuerpo: el corazón.

El fumador pasivo

El fumador, sin embargo, no suele sólo atacar su salud cuando exhala humo proveniente de un cigarrillo, sino que de alguna manera también pone en peligro la salud de aquéllos que lo rodean y que comparten el mismo aire envenenado. Este tipo de “fumadores” que de forma indirecta respiran el humo del tabaco, se denominan “fumadores pasivos” y se ven afectados en gran medida por la dependencia a este hábito de otras personas.

El tercer humo

En la actualidad, recientes investigaciones publicadas por la revista Pedriatrics previenen que no existe un nivel seguro para el “fumador pasivo” debido a que su exposición a los niveles tóxicos del tabaco es aún mayor de lo que se esperaba.

Esto es debido en su mayor parte por que sus efectos perniciosos no desaparecen de manera rápida sino que permanecen en el tiempo y en el espacio. No basta por lo tanto con abrir ventanas, cerrar puertas o poner el ventilador pues hablamos de materiales tóxicos que se almacenan en tejidos y de partículas que se trasladan a partir de la boca del fumador depositándose en objetos de uso doméstico.

Los especialistas alertan

Los expertos señalan de la gran toxicidad de estos componentes que permaneciendo durante horas, quedan depositados desprendiendo sustancias químicas y metales venenosos -algunos potencialmente cancerígenos- que afectarían en gran medida a grupos menos protegidos a nivel de defensas como es el sector infantil.

Por lo tanto y tras recientes investigaciones, los científicos y especialistas consideran que el mensaje que deben trasladar a la sociedad es el de avanzar y dar un nuevo paso en la lucha contra el tabaco concienciando a la sociedad del gran daño que se hace a todos aquellos fumadores de alguna forma “involuntarios”.

A su vez, los investigadores solicitan políticas informativas dirigidas a las familias, con el fin de alertar de que no sólo deben de suprimir el hábito del tabaco en presencia de grupos infantiles, más desprotegidos a nivel inmunológico, sino que deben de ser conscientes de los efectos nocivos de ese “humo invisible” para la salud futura de sus hijos. 

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