Mónica Rerelu
El tejido conjuntivo ahogado, saturado de agua y toxinas sin eliminar, se densifica, dando lugar a pozos y grumos que nos recuerdan la rugosa e irregular piel de una naranja.
La celulitis es una enfermedad del tejido subcutáneo que afecta a un 99% de las mujeres en mayor o menor medida. Este trastorno no siempre lleva asociado un exceso de peso pues también se observa en personas delgadas. La celulitis aunque no pone en riesgo la salud del paciente, es considerada un problema estético que modifica contornos, causa molestias y mina la autoestima de quien la padece.

La piel es un órgano vital del ser humano que recubre nuestro cuerpo con el fin de aislarlo y protegerlo de las agresiones externas. Este órgano es imprescindible para la vida y está formado por tres capas.
La Hipodermis está formada por multitud de adipocitos o células grasas entre las que circulan una serie de líquidos nutritivos que son el sostén de la piel. Estos líquidos nutritivos están formados por sangre, linfa, agua y oxigeno y además de alimentar la piel tienen la función de eliminar toxinas. Hay veces en que los adipocitos aumentan en exceso su tamaño impidiendo un correcto drenaje. Como consecuencia de esto, el líquido intercelular adquiere una consistencia espesa y el sistema micro-circulatorio no funciona de forma adecuada. Este proceso de “estancamiento” e incorrecta eliminación de toxinas produce la malformación externa de la piel conocida como celulitis.
La celulitis es un trastorno que afecta en mayor medida a las mujeres que a los hombres. Esto es debido a que el contenido graso de los tejidos no es igual en unos que en otros. El hombre tiene de media un 15% de grasa frente a un 23% que tiene la mujer. La grasa se almacena en ellas de forma dispersa en vientre, caderas y muslos mientras que en ellos lo hace directamente en la zona del abdomen.
Por otra parte, la celulitis es un fenómeno de origen hormonal muy ligado a las fluctuaciones en los niveles de estrógenos, que son hormonas típicamente femeninas. Otra de las causas que influye es la propia distribución de las células grasas en unos y en otros. Mientras que en las mujeres los adipocitos se organizan perpendicularmente a la piel, en los hombres estos lo hacen de manera oblicua a la piel con lo cual se evita el efecto piel de naranja y se produce una menor deformación de los tejidos.
La celulitis surge repetidas veces ligada a cambios hormonales. Por este motivo se puede decir que los periodos de riesgo en los que puede aparecer dicho trastorno estas vinculados a fluctuaciones de este tipo como la pubertad, el embarazo y la menopausia. De igual manera podemos incluir dentro de esta lista los primeros meses de la toma de la píldora anticonceptiva.
En la adolescencia se produce una autentica revolución de estrógenos que provocan acumulaciones de grasa en zonas como las caderas y los muslos.
Algo parecido sucede en el embarazo cuando los niveles de hormonas se alteran.
Por último en la etapa de la menopausia el cuerpo femenino presenta una mayor tendencia a acumular o almacenar grasas más que a quemarlas o consumirlas.
La celulitis puede ser clasificada en varios tipos según sus características.
La celulitis debe ser tratada desde el principio de su aparición pues puede terminar deformando los miembros inferiores de las personas que la padecen. Como consecuencia es necesario evitar una vida sedentaria y optar por un ejercicio realizado de forma regular. Una alimentación equilibrada, alejada del tabaco y rica en fibras mejora el sistema circulatorio e impide la formación de celulitis.
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