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beneficios de la talasoterapia

En un momento que la búsqueda de bienestar tiene una gran demanda, la talasoterapia va viento en popa. Si tiene usted necesidad de hacer un break o de cargar las pilas este tratamiento alternativo supone una total y absoluta cura de salud.

Terapias medicinales

La balneoterapia es una de las terapias medicinales que aprovechan las propiedades del agua. La hidroterapia y la talasoterapia son dos tratamientos complementarios que se ubican en la misma línea, pero difieren entre sí en que la primera utiliza agua dulce, la segunda agua de mar y la balneoterapia aplica agua de manantial.

¿Qué es la talasoterapia?

La Talasoterapia es un método de terapia que se basa en el uso de diferentes medios marinos juntos o por separado como puede ser: agua de mar, algas, barro y otras sustancias extraídas del mar y del clima marino, como agentes terapéuticos. Se trata de un sistema totalmente natural puesto que el agua se recoge lejos de la orilla, se depura y esteriliza para garantizar la ausencia de agentes patógenos antes de su aplicación en los distintos tratamientos.

Existen tres factores indispensables: agua salina del mar recogida a una determinada profundidad del fondo marino y calentada a la temperatura del cuerpo humano, algas y fango. El objetivo de la talasoterapia es el uso de elementos propios del mar para la curación de los diversos males que puede padecer nuestro organismo. Estos elementos no sólo se limitan al agua, sino que también implican el uso de algas, aire marino y fango.

La riqueza del agua del mar y de las algas

Las propiedades de la talasoterapia están en relación al agua, las algas y el aire. Se trata, por lo tanto de una técnica que aúna las propiedades del fondo marino y del agua del mar la cual posee una gran riqueza ya que ella sóla contiene 80 elementos necesarios para el buen funcionamiento del organismo humano.

Así, la composición del agua de mar es similar a la del plasma sanguíneo y posee numerosos elementos para la mejora de nuestro organismo. Al entrar nuestro cuerpo en contacto con ella, sentimos una relajante sensación producida por el mecanismo de ósmosis que poseen nuestras células. El agua facilita que por medio de la absorción osmótica el organismo recupere su equilibrio. Este proceso natural ocurre en todas las células vivas y se basa en que éstas al entrar en contacto con un medio externo no habitual –en este caso en un medio marino-se adapten a él absorbiendo algunos de sus elementos.

La temperatura ideal para que se produzca este proceso de osmosis gira entre los 35º y los 37º lo cual coincide exactamente con la temperatura corporal. Esto facilita la absorción a través de la piel de los elementos contenidos en el agua, sobre todo el yodo y el sodio, produciendo una beneficiosa renovación a nivel de los tejidos y de su oxigenación.

Las algas marinas se nutren del mar, almacenando todo tipo de sustancias marinas y siendo portadoras de vitaminas A, B, C, E, F y K, un alto contenido en hierro y calcio, proteínas y un gran número de minerales.

La aplicación de las algas va a suministrar al organismo sustancias marinas y vitaminas, pero además la llamada “verdura marina” tiene propiedades antibióticas, antitumorales, antioxidantes, antivirales ayudando a retrasar el envejecimiento cutáneo. A su vez, el aire del mar, saturado de micro-gotas de agua de mar, es rico en ozono y yodo, con propiedades antibióticas y relajantes que aumentan las defensas del organismo.

Los barros marinos

Los barros marinos han sido utilizados desde la antigüedad con fines preventivos y curativos. La aplicación externa de lodos o barros mineromedicinales conlleva infinidad de beneficios para la dermis gracias a su riqueza en minerales y oligoelementos. Es muy recomendable para personas con afecciones crónicas o simplemente dolores de naturaleza muscular y articular. Los tratamientos de belleza realizados con barro poseen dos funciones claras: la eliminación de toxinas y la hidratación de la piel. Es una técnica depurativa que ayuda a regular el organismo, neutraliza el pH de la piel, y estimula la cicatrización.

Tratamientos con barros

En la mayoría de los casos y primeramente se realiza un peeling corporal para que la piel quede libre de células muertas y absorba mejor las sustancias beneficiosas del barro.

Una vez realizado este paso se extiende el producto sobre la cara y el cuerpo como si de un manto se tratase para finalizar cubriendo el cuerpo embarrado con un plástico y con una manta térmica y se deja actuar durante 20 minutos.

El calor corporal y los 20 minutos son factores claves para que los minerales penetren en el torrente sanguíneo hasta llegar a las capas más profundas de la piel, proporcionando un sinfín de beneficios a nuestro organismo. El resultado es una piel suave y aterciopelada cuya mejoría se aprecia a simple vista.

No obstante, los beneficios no son sólo externos pues internamente los lodos van a suplir la carencia de minerales esenciales que precisa nuestro organismo. En definitiva, este tratamiento tiene un gran valor anti estrés y es un poderosos relajante tanto físico como mental.

Las algas: la verdura del mar

Las algas son verdaderas macedonias de minerales: yodio, calcio, fósforo, potasio, magnesio, cobre y vitaminas, aminoácidos, clorofila, recogidos de sitios no contaminados. En el proceso las algas son deshidratadas y a continuación se presentan en forma de un polvo que conserva todas sus propiedades. Antes de su uso, este polvo se mezcla con agua de mar y es calentado a 40 ° C. Las algas se aplican a nivel local, o se envuelve con ellas todo el cuerpo según sea necesario dependiendo del tratamiento.

El clima marino

Este medio es reconocido por su pureza. A esta pureza se añade un fenómeno que se produce en la superficie del mar y que consiste en ráfagas de aire que contienen gotas propulsadas por los vientos. Estas gotas forman de alguna manera aerosoles naturales que penetran en los alvéolos y hacen frente a las bacterias. El aire marino tiene por lo tanto propiedades desinfectantes con efectos sedantes y anti-estrés.

Historia de la talasoterapia

La historia de la talasoterapia transcurre de la mano de la hidroterapia la cual es bastante antigua pues ya en la antigüedad el mismo Hipócrates recomendó la utilización del agua del mar para algunas dolencias.

Más tarde en la antigua civilización egipcia se hallan los primeros indicios de uso de esta técnica tras el descubrimiento de papiros en los que se relata el poder del clima y de los lodos de Egipto. Fue a posteriori durante la época grecorromana, que la técnica vive un auge, para luego caer en desuso durante la Edad Media y repuntar en el siglo XVIII en el que renace el interés por la hidroterapia. Es, en este momento cuando alcanza una gran popularidad a la vez que se crean nuevas técnicas de aplicación del agua de mar.

En el siglo XIX comienza a utilizarse la talasoterapia en el sector turístico, haciendo que esta técnica se conozca más y aumente su demanda, apareciendo las grandes villas de salud en las que se aplican este tipo de métodos.

Es en Francia, en 1867 concretamente en Arcachon donde un médico, Dr. Bonnardière, inventa la palabra talasoterapia como tal, obteniendola de dos vocablos griegos que significan “el tratamiento por el mar” (en griego: thalassa = thérapeia, terapia y tratamiento).

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