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Del mismo modo que en la edad media los boticarios realizaban los remedios que prescribían los médicos, en la actualidad la industria del fitness elabora las clases colectivas que buscan satisfacer las principales demandas de la sociedad.

Así pues, hay clases colectivas para la pérdida de grasa, para tonificar las partes del cuerpo que más suelen preocupar a las mujeres, para mejorar la postura…

Voy a dedicar varios artículos a revisar las “recetas” de algunas de las clases colectivas más populares para analizar hasta qué punto son ciencia o hasta qué punto son marketing y, de este modo, ofrecer una respuesta fundamentada a la cuestión que sirve de título a este artículo.

Para no personalizar mi crítica en ninguna patente en particular, voy a designar a las clases colectivas por su nombre genérico, aunque las características de las mismas son comunes en todas las marcas.

En la parte final del artículo se incluye un pequeño glosario para facilitar la comprensión del texto así como las referencias bibliográficas consultadas para su elaboración.

Circuitos coreografiados de pesos libres

Son una combinación de gimnasia aeróbica y ejercicios de musculación realizados al ritmo de una serie de canciones (hacer movimientos de musculación al ritmo de la música). Durante los cambios de canción se aprovecha para cambiar las cargas o preparar el material para el siguiente grupo muscular.

  • Supuestos beneficios: mejora la fuerza, el estado físico general así como la forma y el tono de los músculos. Protege huesos y articulaciones frente a las lesiones.
  • Realidad: según Stanforth (2000), una sesión de este tipo de clases supone para las mujeres un esfuerzo de un 28% de su volumen de oxígeno máximo (V02máx) 1 y de un 30% del VO2máx en el caso de los hombres. Por tanto, este tipo de entrenamiento no mejora la capacidad aeróbica2, al alejarse de la recomendación del Colegio Americano de Médicos (ACSM), que sitúa el umbral en el 50% del VO2máx.

Respecto a la mejora de la fuerza, no hay estudios específicos sobre ello, aunque, como menciona Soro (2004), las cargas empleadas no son suficientemente altas como para producir hipertrofia3 en sujetos medianamente entrenados. Así pues, la mayoría de ganancias de fuerza con este tipo de clases se debe a adaptaciones neuromusculares y aumento de la densidad proteica y enzimática, y sólo una pequeña parte a la hipertrofia (fundamentalmente en sujetos desentrenados).

El principal problema de este tipo de clases está en los ejercicios seleccionados, que, además, se repiten con un volumen considerable (en una clase completa se pueden llegar a realizar 800 repeticiones). Por un lado, se emplean ejercicios provenientes de la halterofilia que precisan de un aprendizaje y experiencia previos (sentadilla, cargada) y, por otro lado, se abusa de ejercicios potencialmente perjudiciales para la espalda (elevación de los brazos con peso por encima de los hombros en bipedestación, abducción bilateral de los brazos en bipedestación, etc).

Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (Universitat de València), Maestro especialista en Educación Física (Universitat de València), y Máster en Alto Rendimiento Deportivo por el Comité Olímpico Español y la Universidad Autónoma de Madrid. Miembro del Ilustre Colegio Oficial de Licenciados en Educación Física y en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte de la Comunidad Valenciana.

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