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El tabaco posee nada menos y nada más de 4.000 sustancias químicas de las cuales 60 han demostrado ser potencialmente cancerígenas.

La Organización mundial de la Salud estima que en la actualidad existen 1.000 millones de fumadores en el mundo de los cuales 800 millones habitan en los considerados países desarrollados.

Tabaco: Un veneno camuflado

Dejar el tabaco no es un capricho es una necesidad urgente ya que está demostrado que 60 de sus componentes son potencialmente cancerígenos. De todos sus ingredientes, la nicotina es la sustancia que genera una mayor dependencia. Este compuesto orgánico es un potente veneno que incluso se utiliza como insecticida para fumigar invernaderos. Dicha sustancia en bajas concentraciones actúa como estimulante por lo que acelera la tensión arterial y el ritmo cardiaco así como genera adicción.

Además de esto, cuando el tabaco desprende humo y este se condensa, se genera una mezcla la cual está formada nada menos que por arsénico y cianuro, sustancias consideradas altamente venenosas.

Entre algunos de sus múltiples componentes destacan el amoniaco, la dinamita, cadmio, níquel (utilizado para las baterías), polonio 10(considerado radioactivo), formaldehido (utilizado en medicina forense para conservación de cadáveres), cloruro de vinilo (para la fabricación de discos), y un sinfín de sustancias más que no parecen ser potencialmente muy saludables.

El tabaco y sus consecuencias

El tabaco es, sin lugar a dudas, el responsable de un gran número de cánceres entre ellos destaca el de pulmón, laringe, faringe, vejiga, riñón y páncreas. Recientes investigaciones también asocian al tabaco a la aparición de tumores malignos en estómago, mama y cuello uterino.

Los pulmones son los principales afectados por este hábito nocivo pues se producen obstrucciones de las vías respiratorias que poco a poco merman su capacidad y que como consecuencia, disminuyen la calidad de vida y la energía de la persona fumadora.

También la capacidad de procrear se ve de alguna manera mermada pues todos los componentes químicos del tabaco afectan considerablemente a la capacidad reproductiva de ambos sexos e incluso disminuyen el deseo, pues generan en los hombres impotencia sexual.

Por otra parte, el tabaco aumenta de manera latente el riesgo de padecer cualquier tipo de enfermedad cardiaca ya que hace al corazón latir más rápido -un 30% más desde el momento en que se enciende un cigarrillo.

El tabaco y la belleza

Ni que decir tiene que consumir tabaco no genera belleza sino todo lo contrario. Recientes estudios han asociado el hábito de fumar con la pérdida de cabello y además se sabe desde hace tiempo que la nicotina disminuye considerablemente las reservas de vitamina C en nuestro organismo, la cual es un potente antioxidante. La piel sin esta sustancia pierde gran parte de su vitalidad y luminosidad.

Además, el gesto repetitivo de absorber el humo produce una dermocontracción de la boca que da lugar al temido “código de barras”, así como obliga a guiñar los ojos marcando de forma definitiva las patas de gallo. ¿De qué sirve pues cuidarnos si seguimos manteniendo un habito tan dañino como fumar? 

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