Un alto porcentaje de las aplicaciones con toxina botulínica tipo A, en las clínicas médico-estéticas, tiene como objetivo atenuar las líneas de expresión; sin embargo, este fármaco tiene otros usos poco conocidos. Mejora de la hiperhidrosis, asimetrías faciales, estrabismo o, incluso, ayudar a la reducción de peso son algunos de sus otros usos estéticos.

Durante el Congreso Nacional de Medicina Estética, celebrado el pasado mes de febrero, se presentaron importantes novedades acerca de las últimas aplicaciones de toxina botulínica en tratamientos estéticos. El Doctor Andy Pickett comentó durante estas jornadas los últimos avances referentes a la toxina, entre los que destacaron otros usos menos demandados por los pacientes –frente a los tratamientos de las líneas de expresión-, como mejorar los síntomas de la incontinencia urinaria, curar migrañas o afecciones como la hiperhidrosis e, incluso, su aplicación para contribuir a tratamientos de pérdida de peso, por ejemplo. La Dra. Petra Vega, presidenta de la Sociedad Española de Medicina Estética (SEME) señala: “En los últimos años, estamos tratando otros inestetismos, más allá de la mejora de las líneas de expresión, con toxina botulínica. Aún observamos un desconocimiento generalizado sobre las posibilidades de este medicamento en otros tratamientos estéticos, faciales y corporales, pero de forma progresiva su uso se está generalizando y comenzamos a percibir un aumento de la demanda en otras aplicaciones, tal y como está pasando en otras muchas especialidades, como oftalmología, ginecología,… Recientemente estamos conociendo nuevas indicaciones como aliviar dolores musculares y algunos síntomas y efectos de ciertas enfermedades neurológicas”.

Mejora de la hiperhidrosis

La hiperhidrosis es la sudoración excesiva, sobre todo en pies y manos, provocada por una actividad hiperactiva de las glándulas sudoríparas. El empleo de la toxina tipo A, bloquea el proceso neuroquímico que produce la sudoración. Los resultados del tratamiento son perceptibles en menos de una semana y tienen una duración de entre cuatro y siete meses, lo que supone una notable mejoría para quienes sufren esta afección.

Mejora de asimetrías faciales

Algunas asimetrías faciales provocadas por una hipertrofia muscular pueden ser mejoradas, también, con la aplicación de esta toxina. Lo mismo ocurre, por ejemplo, con enfermedades como el blefarospasmo o la sinquinesia espástica. La aplicación de la toxina de forma localizada contribuye a mejorar los espasmos y las arrugas producidas por estas afecciones.

Es común, además, su uso para el tratamiento del bruxismo, que produce unos excelentes resultados, no sólo mejorando sustancialmente las posibles asimetrías e, incluso, el “efecto cara cuadrada” resultantes de este hábito sino también aliviando sus consecuencias, al evitar una presión excesiva en los maxilares.

Bótox contra el estrabismo

El uso de la toxina para el tratamiento del estrabismo proporciona unos excelentes resultados, sobre todo, en una fase temprana del problema. En estos casos, es el oftalmólogo quién ha de aplicar las inyecciones de toxina botulínica, pero los resultados estéticos son más que evidentes y de forma particularmente llamativa en pacientes jóvenes o niños.

Reducción de peso corporal

El uso de la toxina como tratamiento en la pérdida de peso viene practicándose desde 2005. Su aplicación consiste en inyectar determinadas dosis de la toxina en las paredes estomacales. Entre sus virtudes como tratamiento hay que mencionar una mejora de la sensación de saciedad tras las comidas, al prolongarla entre las comidas. Este resultado se debe a la disminución de los movimientos peristálticos que contribuyen a que el estómago tarde más en vaciarse.

Aunque en este caso también el tratamiento ha de ser aplicado por un endoescopista, es cada vez más frecuente que las clínicas médico-estéticas colaboren de forma regular con otras áreas y disciplinas médicas, incluso que cuenten con un equipo interdisciplinar para ofrecer un enfoque holístico y servicios casi integrales a sus pacientes. Por lo que puede resultar una sorpresa para muchos que, tras acudir a una clínica médico estética para solucionar un problema de sobrepeso, su médico baraje esta opción como una posible ayuda en la reeducación de los hábitos alimenticios y en el proceso de pérdida de peso. No siempre el uso de inyecciones de toxina puede sustituir otros tratamientos, pero sin duda comienza a ser una propuesta más habitual.

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