Si bien es un tema controvertido el llamar planta medicinal a la que se utiliza con fines terapéuticos desde tiempos remotos, justamente para muchas culturas lo ha sido y lo sigue siendo, pero no para la medicina “clásica” occidental.

Es cierto que no se han realizado importantes investigaciones para comprobar su verdadero efecto curativo. Esto es debido a que la industria farmacéutica solo apuesta a aquello que le reditúa económicamente y esto es una verdad irrefutable. No obstante la misma industria ha sacado derivados sintéticos de dichas plantas que se usan como fármacos. De ahí se infiere, sin dudas, que muchas de ellas deben ser efectivas para curar, si no, no habrían sido “imitadas”.

No obstante para quienes siguen pensando que el nombre de plantas medicinales no les cabe porque no están probadas como fármacos, en la actualidad se están realizando investigaciones al respecto. Este es el caso del SEFIT (Sociedad Española de Fitoterapia) donde se está analizando el verdadero efecto de las plantas medicinales para saber con certeza si son útiles o no para ciertos problemas de salud. O como se efectúa en el National Center for Complementary and Integrative Health (NCCIH) de Estados Unidos,  donde se efectúan cientos de ensayos clínicos para ver realmente los efectos de estas plantas.

Dejando en claro esto que no es un tema menor, aclaramos que por lo expresado anteriormente, seguiremos llamando a estas plantas medicinales, mientras se pruebe lo contrario. Entonces podemos decir que estas medicinas naturales son un recurso biológico que se conoce como droga medicinal o remedio herbolario, que puede ser usada de manera completa o en alguna de sus partes como las flores, el fruto, el tallo, las hojas, etc. Y de esa parte se consiguen extractos que se utilizan para tratar enfermedades, ya que su acción terapéutica que es de aliviar o mejorar se debe a que tienen principios activos, como lo tienen los medicamentos fabricados en los laboratorios.

Sin dudas, la única gran diferencia es que aquí no intervino la mano del hombre, ni su ciencia, ni su cabeza, ni su experiencia. Solo es ni más ni menos que la madre Tierra y vale bien decir madre por todo lo que nos provee: alimento, abrigo, techo, curación, la que interviene ofreciendo lo que en ella crece.

Claro que es el hombre quien ha descubierto sus diferentes usos, desde tiempos inmemoriales. Las naciones aborígenes de América, de Australia y de África las usaron y las siguen usando. Inclusive para las regiones más pobres del planeta la OMS (Organización Mundial de la Salud) recomienda la medicina tradicional con plantas medicinales en vez de medicamentos, ante la “evidencia de que la medicina moderna les resulta inaccesible, y mejor es algo que nada”.

El comentario anterior habla por sí mismo con respecto al criterio de categorización no solo de los medicamentos sino de las personas. Hay para quienes como el mundo se divide necesariamente en pobres y ricos, los ricos tendrán acceso a una salud de última generación, mientras los pobres se “arreglarán” con las “hierbitas” de la Tierra. Menospreciando a una gran cantidad de seres humanos como a una gran cantidad de plantas.

Pero he aquí que en gran parte se equivocan, porque muchas de muchas de esas “hierbitas” se han comprobado sus efectos farmacológicos como ocurre con la valeriana que es sumamente eficaz contra el insomnio; el saúco que se usa para el catarro y los enfriamientos, o la menta para combatir las jaquecas.

Aunque sepamos para qué se usa, siempre es importante que al momento de decidir si utilizar una planta medicinal o no, no sólo hablemos con un profesional de confianza con mente y corazón abierto, sino también asesorarse con bibliografía. Existen dos libros de María Treben (1907- 1991): “Salud de la Botica del Señor” y “Plantas medicinales: consejos para prevenir y curar enfermedades”, que vale la pena leer. Esta mujer pasó a la historia como una de las pioneras de la medicina natural y una de las herbolarias más populares de Alemania. Fue conocida por dedicar su vida a estudiar empíricamente las hierbas medicinales y sus posibles usos. Enseñaba con paciencia y a través de anécdotas, defendiendo que existía una cura natural para cada enfermedad.

Por supuesto que para conseguir el efecto deseado, hay que seguir las indicaciones correspondientes en cuanto a su preparación y cantidades, o sea lo que se llamaría en la farmacología convencional la dosis que se debe ingerir. Ya que, tanto defensores como detractores, coinciden en que el hecho de que sean hierbas no quiere decir que su principio activo no sea potente o que no tenga determinadas contraindicaciones.

Controvertidas, aplaudidas o abucheadas, las plantas medicinales son una posibilidad más para tratar las enfermedades. Y han sido para muchas personas, la “mágica pócima” cuando la farmacología convencional se había convertido en el show de las reacciones adversas. Si te parece interesante este tema, te recomendamos que leas más en nuestra sección de productos naturales.

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