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cosquillas a uno mismo

Las cosquillas no son un comportamiento exclusivo del hombre sino que se presentan en diversos animales y son bastante comunes en los mamíferos. Estas producen risa y pueden ser tremendamente placenteras así como convertirse en una terrible tortura.

Las cosquillas son reacciones nerviosas que tenemos en diversas partes de nuestro cuerpo ante toques de una persona u objeto exterior a este. Se trata por lo tanto de una reacción natural del cuerpo ante un estímulo externo. La sensación experimentada cuando nos hacen cosquillas causa en un primer instante una reacción similar al miedo y es una defensa natural contra bichos como las arañas y chinches. Es una manera de informar al cuerpo que algo camina o se mueve sobre nuestra piel. Las cosquillas pueden ser utilizadas como manera de coqueteo, como fetiche, o como tortura.

¿Por qué no nos podemos hacer cosquillas a nosotros mismos?

Sería divertido que pudiésemos hacernos cosquillas a nosotros mismos y poder detenernos cuando no pudiésemos soportarlo. ¿Pero qué sucede en nuestro cuerpo para que “autocosquillearse” sea imposible?

Estudios recientes de la Universidad de Londres han confirmado que el cerebelo-un área trasera del cerebro encargada de controlar los movimientos, puede predecir las sensaciones de nuestros propios movimientos pero no cuando esos movimientos los hace otra persona. De esta manera el cerebelo al predecir nuestros propios movimientos, eliminaría el factor sorpresa evitando la respuesta de otras áreas cerebrales responsables de las cosquillas. Esto explicaría el porqué de la ausencia de esta sensación placentera cuando uno mismo trata de hacerse cosquillas.

Dos regiones cerebrales están involucradas en la sensación de las cosquillas. La corteza somatosensorial que procesa el tacto y la corteza cingulada anterior que procesa la información agradable. Las mismas que se mantienen impasibles cuando uno pretende hacerse cosquillas a uno mismo. La siguiente pregunta que están analizando es por qué con el paso del tiempo cada vez se tienen menos cosquillas, ¿Será que con la edad las personas tienen más limitada su capacidad de sorpresa?.

Las cosquillas placenteras

Las cosquillas se suelen utilizar como forma de coqueteo en la etapa adolescente ya que estas estimulan el deseo sexual y también pueden considerarse como un mecanismo que afianza los vínculos familiares y sociales. Las cosquillas también pueden estrechar la relación padre – hijo, puesto que los niños suelen querer que se les haga cosquillas.

Las cosquillas como tortura

Los romanos utilizaban grandes tablas de madera para sujetar a las personas por los tobillos. Después se procedía a bañar los pies con sal y soltar cabras. Las cabras con sus lenguas rugosas como lijas lamían los pies de la víctima produciendo en un principio cosquillas pero luego dejando terribles marcas y ampollas.

Durante la Edad Media también eran utilizadas como un instrumento de tortura valioso contra los enemigos pues éstas no dejaban señales ni heridas en los adversarios.

Zonas de peligro

La mayoría de nosotros tenemos alguna zona de nuestro cuerpo especialmente sensible a las cosquillas y, normalmente, es bastante fácil de encontrar. Aunque la amplia mayoría de personas reconoce a las plantas de los pies como las zonas más sensibles a estas sensaciones, algunos psicólogos han determinado que experimentalmente las axilas son las partes del cuerpo más sensibles a las cosquillas, seguidas de la cintura, las costillas, los pies y las rodillas, en orden decreciente. A su vez, en una investigación los psicólogos Harris y Christenfeld resolvieron que la risa por cosquillas no refleja el mismo estado mental que la risa producida por la comedia y el humor.

Las cosquillas producen una respuesta incontrolada que nos hace tremendamente vulnerables y que agita nuestros cuerpos de manera convulsiva. Si te hacen cosquillas por sorpresa se produce una sensación inicial de pánico que hace la sensación más fuerte. El factor sorpresa es fundamental en la sensación final, Algunas personas llegan incluso a imaginarse tan claramente la sensación, que empiezan a reírse incluso antes de ser tocados. 

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