En la actualidad existen granos pequeños o semillas que están aumentando considerablemente su popularidad gracias a sus propiedades beneficiosas, su bajo nivel de calorías o su alto contenido en proteínas. Estas semillas han estado “escondidas” al gran público, ya que siempre se han relacionado con el consumo de subsistencia.

Semilla de amaranto

Dentro de las semillas que podemos considerar “superalimentos” se encuentra el amaranto. Es un alimento a menudo considerado como medicinal por albergar componentes anticancerígenos como el escualeno, un ácido orgánico antioxidante altamente beneficioso para la salud. El amaranto tiene su origen en el centro y el sur de América, llegando a ser uno de los productos más consumidos de las culturas precolombinas y utilizado como cereal, junto con el maíz, la chía y el frijol.  La planta, de hojas anchas y color brillante, puede llegar a medir hasta 3 metros de altura. Las flores pequeñas de la planta alojan la preciada semilla de amaranto, con la que es posible elaborar harina, cereales y múltiples productos.

El amaranto ofrece numerosas propiedades nutritivas entre las que destacan el ser una gran fuente de proteínas, minerales, vitaminas A, B1, B2, B3, C, ácido fólico, calcio, hierro, fósforo y lisina. Asimismo, al amaranto se le atribuyen efectos medicinales como la prevención de la colitis, del cáncer de colon, control de la diabetes, la obesidad, la hipertensión arterial y el estreñimiento. Es recomendable para enfermos con problemas de desnutrición u oncológicos, y además se aconseja para las dietas hiperproteícas e hiperenergéticas.

Las semillas de amaranto son ideales para elaborar múltiples recetas sanas y deliciosas. Únicamente se han de tostar y guardar en un frasco hermético. A partir de ahí es posible elaborar platos gustosos como pastas, sopas, ensaladas, verduras e incluso postres. El amaranto es sin duda un alimento recomendable al ser altamente beneficioso para la salud y por aportar una gran cantidad de aminoácidos, minerales, vitaminas naturales y por ser una fuente importante de fibra.

Semillas de sarraceno

Otra semilla que podemos incluir dentro de los “superalimentos” es el serraceno. Sin tratarse de un cereal contiene más proteínas que una porción de arroz, maíz o trigo. Es una planta herbácea de origen asiático que se cultivaba tanto para el consumo humano como para el animal. Los japoneses utilizaban la cáscara de las semillas para fabricar almohadas.

El serraceno es rico en minerales, vitamina B, proteínas, aminoácidos y ayuda a estabilizar el nivel de azúcar en la sangre. Al trigo serraceno se le conoce también como alforfón y normalmente se utiliza para elaborar cremas, pan, fideos, pasteles o galletas. El serraceno es ideal para los celíacos ya que no contiene gluten, además, es muy aromático y posee un sabor muy intenso. Se trata de una de los alimentos más naturales, sanos y capaces de aportar una gran cantidad de energía.

Al trigo serraceno se le atribuyen varias propiedades terapéuticas. Se utiliza para tratar los problemas circulatorios como las varices o las hemorragias retinales. Su alto contenido en hierro y en vitaminas del grupo B lo convierten en un aliado ideal para las personas con problemas de anemia. Asimismo, el serraceno es rico en ácido oleico y linoleico, compuesto que ayuda a combatir el colesterol y controlar las enfermedades cardiovasculares.

Semillas de quinoa

Otro de los llamados “superalimentos” que podemos encontrar actualmente es la quinoa. Es un alimento relativamente nuevo en Europa, aunque lleva cultivándose desde hace más de 5.000 años en los Andes bolivianos, peruanos, ecuatorianos y colombianos, así como en el centro de Chile.

La quinoa aporta multitud de beneficios, entre los que destacan el ser un alimento apto para celíacos al no contener gluten. Este pseudocereal posee un alto contenido en fibra y un bajo índice glucémico, algo idóneo para personas con diabetes o que desean perder peso. Además, la quinoa ayuda a controlar los niveles de colesterol en sangre. Es ideal para las dietas vegetarianas ya que posee numerosas proteínas y es una gran fuente de hierro.

La quinoa es una opción perfecta para usar en la cocina ya que se pueden elaborar numerosos platos como ensaladas, pasteles o hamburguesas, entre otros. Para utilizar la quinoa es necesario lavar primero las semillas, frotándolas suavemente debajo del agua con tal de eliminar la capa que recubre las semillas, culpable de su sabor amargo. Después se hierve como si fuera arroz durante unos 20 minutos y se cuela. En ese momento ya se encuentra lista para su uso.

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