Según el tipo de caspa pueden distinguirse dos formas clínicas: seca y seborreica.
Es la forma más frecuente y no suele asociarse a alopecia o eritema. Las personas que padecen este tipo de caspa presentan un cuero cabelludo seco, falto de brillo y áspero. Las escamas son finas, de un tono blanco-grisáceo, más o menos adherentes, que pueden desprenderse después del peinado o de forma espontánea, y quedar entre los tallos del pelo y caer sobre la ropa.
Este tipo de caspa está asociada a un aumento de la producción de grasa (hiperseborrea) y puede cursar con alopecia. En este caso, el cabello presenta un aspecto aceitoso y brillante, con escamas amarillentas, más gruesas y adherentes, empapadas en una película de grasa.
No se conoce cuál es la causa específica o los estímulos que provocan la aparición de la caspa. Sin embargo, se han observado una serie de factores determinantes que influyen en el desorden funcional de la epidermis.
Aunque no existe una explicación científica, las estadísticas muestran que la caspa se manifiesta de forma más aguda en invierno (octubre-diciembre) y decrece en verano.
Se desconocen los mecanismos que provocan la aceleración del proceso normal de renovación celular, los estados de estrés o ansiedad, así como ingerir una alimentación rica en grasas e hidratos de carbono, pueden agravar el problema.
La caspa se manifiesta con igual frecuencia en ambos sexos. Normalmente aparece en la pubertad y va aumentando progresivamente hasta los 30 años; sin embargo, es extraño ver casos de caspa en personas mayores o en niños. La edad de incidencia de la caspa sugiere la existencia de una relación directa con la actividad hormonal del individuo, ya que su aparición coincide con un período de elevada de actividad de las glándulas sebáceas.
Aunque de forma incierta, se ha relacionado la aparición de la caspa con la actividad de la flora microbiana saprófita del cuero cabelludo. En condiciones normales, la población microbiana de esta zona está formada por cocos aerobios (Staphylococcus epidermidis), corinebacterias anaeróbicas (Propionibacterium acnes) y dos especies de levaduras (Pityrosporum ovale, actualmente conocido como Malassezia furfur, y Pityrosporum orbiculare).
Sin embargo, se ha observado que las personas que padecen de caspa tienen incrementada la población de Malassezia furfur, hasta llegar a constituir el 75% del total de la microbiota del cuero cabelludo. La presencia de un exceso de grasa favorece la multiplicación y desarrollo de este microorganismo, debido a que pueden degradar los triglicéridos que constituyen el sebo. Este hecho da lugar a un incremento en la cantidad de ácidos grasos libres existentes en el cuero cabelludo, los cuales poseen una fuerte capacidad irritante que puede provocar la estimulación de la mitosis en las células de la capa basal, además de ser una de las posibles causas que originan los intensos picores del cuero cabelludo, que se dan en estas circunstancias. ![]()
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