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Al perdurar las dolencias en el tiempo, las personas modifican desde su conducta hasta su carácter. Por esta razón queremos insistir en tratamientos comunes que se emplean cuando la “columna de nuestro edificio” trata de torturarnos.

Pérdida de calidad de vida

En general los más frecuentes trastornos dolorosos de la espalda se deben a alteraciones en el balance y la posición que deben mantener entre sí sus componentes, es decir, los huesos, articulaciones, ligamentos y músculos. Por tanto suelen ser problemas crónicos, que pueden durar meses o aún años y disminuir la capacidad de la persona para disfrutar una actividad física plena, deteriorando su calidad de vida y aún más su autoestima al aparecer muchas veces a los ojos de los demás como inútiles. Entonces, es en ese momento, cuando el paciente se siente muy limitado, comienza a retraerse, alejarse de su medio habitual y sentirse marginado.

El tratamiento de estos trastornos suele requerir también semanas o meses, lo que exige una disciplina tal que se convierta en rutina y parte de la vida diaria. De lo contrario difícilmente se logrará el alivio deseado en lo que a la dolencia se refiere. Quizá lo más importante es recordar que muchos problemas de la espalda comienzan al no haberse aplicado en su momento medidas preventivas, como la buena postura, o la práctica de ejercicios en forma regular.

Reposo en cama

Muchos pacientes con dolor de espalda crónicos desarrollan una actitud ante el dolor que desencadena un círculo vicioso consistente en ansiedad y miedo exagerado al dolor, exceso de reposo, falta de actividad física, desconfianza en su capacidad física y aumento del riesgo de padecer episodios dolorosos más largos y frecuentes. Finalmente, esa situación puede terminar en más dolor de espalda, incapacidad, depresión e invalidez laboral.

En algunos pacientes, la intensidad del dolor puede obligarles a quedarse en cama durante unos días, habitualmente no más de 2, especialmente cuando hay dolor irradiado. Pero eso debe ser considerado una consecuencia del dolor, y evitado cuando es posible.

El fundamento teórico es que estudios científicos demuestran que el núcleo pulposo que sale de la envuelta fibrosa en una hernia discal, tiende a perder volumen con el paso del tiempo. También otras lesiones, como los desgarros musculares, tienden a curarse espontáneamente. La lógica subyacente a la recomendación de reposo en cama era dar tiempo a que estos fenómenos se produjeran sin sobrecargar mientras tanto la columna vertebral. Así pues, las recomendaciones basadas en la evidencia científica disponible coinciden en desaconsejar el reposo en cama como tratamiento del dolor de espalda.

En suma, el reposo en cama aumenta la intensidad y duración del dolor, el grado de incapacidad, la duración de la baja laboral y el riesgo de que el dolor se haga crónico.

Mantener la actividad

Hay que mantenerse tan activo como el dolor permita, haciendo una vida lo más normal posible durante el episodio doloroso. Hay estudios que demuestran que por un mecanismo reflejo, el movimiento tiende a relajar la musculatura. Así se explicaría que mantener el mayor grado de actividad posible evite o mejore la contractura muscular y, a la inversa, que mantener posturas rígidas o constantes -por ejemplo, en la cama- facilite la aparición o persistencia de la contractura muscular. Además el tono muscular se pierde con rapidez. Así el tono muscular después de un reposo tan breve como 4 días puede disminuir considerablemente.

Manipulaciones vertebrales

Se denomina manipulaciones vertebrales a todas aquellas maniobras con frecuencia rápidas y de corto recorrido realizadas por un especialista con el fin de provocar movimientos en la columna vertebral del paciente. Según las distintas escuelas de manipulación vertebral (osteópatas, quiroprácticos, fisioterapeutas…), el objetivo que plantean es distinto en cada una de ellas. Unos afirman que la manipulación pretende re-alinear la vértebra, recolocándola en su correcta posición, y sugieren su desplazamiento y especialmente su rotación y otros son más partidarios del efecto de la manipulación a nivel del músculo y los ligamentos, sin que sea necesario un desplazamiento de la vértebra para que se produzca un efecto benéfico.

Especialistas

Osteópatas. El osteópata no focaliza la recuperación de las patologías exclusivamente en el punto de dolor, sino que trata de investigar el porqué de esta dolencia y así corregir la causa primaria y en consecuencia, las lesiones derivadas. Esta visión global del cuerpo se basa en la interdependencia existente entre todos los sistemas (óseo, muscular, nervioso) y por tanto, cualquier alteración que afecte a un punto concreto de un sistema, se reflejará en el resto. Por ejemplo, alguien que sufre un esguince de tobillo y no consigue recuperarlo perfectamente, corre el riesgo de que sus sistemas óseo y muscular adopten como medida antiálgida (para evitar dolor) una forma incorrecta de caminar, con lo que la rodilla se adaptará a la mala pisada y, como consecuencia, repercutirá a la cadera (base anatómica) y más tarde a la columna vertebral (recordando que es desde este punto donde tienen salida todos los nervios que irradian al cuerpo).

Fisioterapeuta. Es el especialista que aplica un conjunto de técnicas que mediante la aplicación de agentes físicos curan, previenen, recuperan y readaptan a los pacientes susceptibles de recibir tratamiento físico. Sin ningún género de dudas, la herramienta principal del fisioterapeuta es la mano y en consecuencia, la terapia manual. Entre las terapias manuales destacan la aplicación de distintas modalidades de masaje, el drenaje linfático, manual terapéutico, el masaje transverso profundo, el crio masaje, inducción y liberación miofascial, técnicas manuales neuro-musculares, miotensivas, masaje del tejido conjuntivo, masaje reflejo, etc.

En otras palabras la función de la Fisioterapia es la de tratar enfermedades ó lesiones y prevenir secuelas. También es de ayudar al individuo en su adaptación al entorno en el caso de secuelas o discapacidad.

Infiltraciones epidurales

Consiste en inyectar antiinflamatorios esteroideos -derivados de la cortisona-, solos o con anestésicos locales, en el canal medular y en la zona que rodea las membranas que envuelven la médula con el fin de reducir la inflamación, especialmente de las raíces nerviosas, y mejorar el dolor. Los derivados de la cortisona tienen un efecto antiinflamatorio muy potente, aunque sus riesgos y contraindicaciones impiden administrarlos de forma continuada por vía general.

Infiltraciones locales y en puntos gatillo

Consiste en inyectar anestésicos o antiinflamatorios en la zona dolorosa, ya sea en los ligamentos o en los puntos “gatillo”, que son aquellos que son especialmente dolorosos a la presión o en los que se despierta un dolor que el paciente identifica como el que siente habitualmente.

Infiltraciones intradiscales

Consiste en la inyección de corticoides o glicerol en el interior de la envuelta fibrosa del disco donde se halla el núcleo pulposo.

Infiltraciones de toxina botulínica

Aunque en los últimos tiempos el botox o toxina botulínica se ha hecho especialmente popular como tratamiento cosmético, los expertos han descubierto que también es una terapia eficaz para aliviar temporalmente trastornos dolorosos relacionados con una excesiva contracción muscular.

Este tratamiento consiste en inyectar toxina botulínica en el músculo y normalmente está indicado en los casos en que existen contracturas ya que este método permite relajar la musculatura y reducir el dolor. La inyección intramuscular de la toxina inhibe a su vez la contracción muscular produciendo una parálisis flácida del músculo afectado.

Infiltraciones esclerosantes

La columna vertebral está compuesta de huesos, tendones, ligamentos, discos y cartílagos. Los discos y los cartílagos actúan como amortiguadores previniendo que los huesos se friccionen entre sí. En caso de lesiones, los ligamentos y los cartílagos se deterioran, siendo incapaces de estabilizar la articulación. Estas inyecciones estimulan la proliferación o engrosamiento de los ligamentos y tendones en los sitios que son aplicadas para fortalecerlos y reducir así el dolor.

Rizólisis

Conceptualmente, la rizólisis pretende destruir los nervios que están en la articulación facetaría para eliminar la sensación de dolor. Se suele hacer quemando los nervios que llegan a la articulación lo cual se realiza habitualmente con radiofrecuencia.

Cirugía de la columna vertebral

El tratamiento quirúrgico tiene como objetivo corregir las anomalías estructurales que originan el dolor de espalda. Los criterios generales para operar son: la existencia de una compresión importante o de más de un mes de duración de la médula o las raíces nerviosas y la demostración de que dicha compresión se debe sin lugar a dudas a la anomalía estructural detectada.

Corsés y obstante, este tratamiento solamente debe aplicarse durante unos días y, durante los mismos, debe evitarse llevarlo constantemente, pues existe el riesgo cinturones lumbares.

Su objetivo es colaborar junto a la musculatura lumbar en el soporte de la posición de la columna lumbar. No de atrofia o pérdida del tono muscular. Su uso está especialmente indicado en personas sanas y aquellas que han padecido de la espalda cuando deben realizarse sobreesfuerzos como el levantamiento de pesos.

TENS. Estimulación nerviosa eléctrica transcutánea

Técnica en la que se aplican corrientes eléctricas suaves a algunas áreas de la piel por medio de una pequeña unidad eléctrica de alimentación conectada a dos electrodos. La percepción del dolor sólo es posible cuando se activan unas células concretas de la médula y su activación se transmite hasta el cerebro. El TENS pretende impedir la activación de esas células nerviosas.

PENS. Neuroestimulación eléctrica percutánea

Consiste en estimular terminaciones nerviosas localizadas en el tejido blando y/o músculo, mediante la aplicación de una corriente eléctrica.

Tratamiento farmacológico

Para el tratamiento de la lumbalgia suelen indicarse fármacos analgésicos, antiinflamatorios no esteroideos y relajantes musculares.

  • Analgésicos: Su uso está recomendado en las fases de mayor dolor, en las crisis agudas.
  • Antiinflamatorios no esteroideos. El tratamiento con AINE tiene como objetivo disminuir la inflamación que complica la mayoría de las lumbalgias. No se deben de usar durante más de 15 días y siempre tras haber tomado algún tipo de protección.
  • Relajantes musculares: El objetivo del tratamiento con relajantes musculares es disminuir la contractura muscular asociada.
Tratamientos para el dolor de espalda
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