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Por cada 15 años de jornada laboral un trabajador nocturno pierde cinco años de vida.

Se divorcian tres veces más que el resto de sus compañeros y tienen un 40% más de posibilidades de padecer trastornos digestivos, cardiovasculares y psicológicos.

Irritabilidad, depresión, dificultades de pareja y enfermedades cardiovasculares, unido a adicciones a tranquilizantes, excitantes o alcohol y tabaco, son algunos de los problemas que acompañan a quienes trabajan sin sol.

Estas son algunas de las conclusiones de diversos estudios con los que los doctores Eduard Estivill, jefe de la Unidad del Sueño del Instituto Dexeus de Barcelona, y Apolinar Rodríguez, responsable del Servicio de Neurofisiología del Hospital de la Paz de Madrid, explicaron los riesgos que conlleva contradecir al sol. Según estos especialistas unos dos millones de españoles tienen horarios nocturnos o rotatorios, jornadas que están prohibidas en los países nórdicos, donde no está permitido que los mayores de 35 años trabajen por la noche ante el “ingente gasto” derivado a la Seguridad Social.

También hicieron hincapié en que los accidentes laborales con mayores consecuencias “suelen ocurrir de noche”: astenia física y psíquica, dificultad para hacer esfuerzos y sensación de “cabeza “vacía”, así como irritabilidad, intolerancia a las pequeñas agresiones del medio y alteración de las relaciones entre los compañeros de trabajo y la familia, son algunos de los trastornos que acompañan a quienes trabajan de noche, según los especialistas.

El Dr. Eduard Estivill, cuyos libros sobre trastornos del sueño figuran entre los más leídos, recordó que el desajuste horario no sólo “desincroniza al ser humano fisiológicamente al sufrir una reducción de sus defensas inmunitarias por insuficiencia de luz, sino que también le produce desequilibrios sociales y psicológicos al verse abocado a vivir al revés que los demás”. La causa principal de los trastornos es que el descanso diurno es “poco reparador”, ya que durante el día los parámetros biológicos tienen unas constantes naturales diferentes a las de la noche, en que el organismo se prepara para descansar.

Según Estivill, los ritmos biológicos naturales y saludables coinciden con el día y la noche, y a ellos el cerebro responde enviando al organismo órdenes de actividad. “Al cuerpo no se le puede engañar”, sentenció. En el trabajador nocturno, argumentó, se produce un desajuste de su ritmo “circadiano natural” lo que se traduce en una predisposición a la fatiga. Los trabajadores de edades más avanzadas son más vulnerables a los trastornos y tienen más riesgo de envejecimiento prematuro y aumento de la morbilidad. También apuntó la necesidad de la siesta para los trabajadores de turno de noche, de al menos media hora, mientras que para el resto de los mortales debe limitarse a unos veinte minutos. Es preferible que estos empleados mantengan sus hábitos en días festivos, ya que el cuerpo no puede ajustarse en dos días a un nuevo horario, y recomendaron que procuren dormir en un ambiente totalmente aislado de ruidos y de la luz. Es también fundamental mantener un horario de comidas normal que no altere el desayuno, la comida y la cena, con la separación de horas habituales entre cada ingesta.

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