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Cada vez más son las personas que abogan por una vida saludable a través de una alimentación sana. Pero, a la hora de decidirse por una dieta u otra la elección se complica dado el inmenso abanico de posibilidades que existen.

La dieta macrobiótica es una de las más nombradas en los últimos tiempos. Sin embargo, y para ser exactos, hay que aclarar que se trata de un modo de vida basado en la filosofía oriental del Ying y el Yang y la medicina tradicional china; absolutamente nada que ver con las dietas milagro para perder peso rápidamente.

Los orígenes de la dieta macrobiótica

El padre de la macrobiótica es el japonés George Ohsawa, quien estableció la base en la que se asienta este modo de vida saludable, que no es otra que el equilibrio en entre el Ying y el Yang o, lo que es lo mismo, la búsqueda de una equidad física y emocional a través de la nutrición personal. Él dice que si comemos de manera sana y lo más simple posible viviremos en constante armonía con la naturaleza y con los cambios que se van produciendo en ella. En consecuencia, curaremos determinadas dolencias y ayudaremos a evitar enfermedades más graves, como el cáncer.

Pero, ¿cómo se lleva toda esta teorización a la práctica? La idea es crear un equilibrio entre la ingesta de alimentos Ying y de alimentos Yang. Los Ying tienen elevadas cantidades de potasio, son fríos y crecen por encima del suelo. Los Yang son ricos en sodio, crecen en el subsuelo y son fríos. El equilibrio se logra comiendo los alimentos fríos cuando hace calor y los cálidos cuando hace frío.

La filosofía macrobiótica sugiere eliminar los alimentos que son tóxicos o que se consideran que tienen toxinas. Se incluyen en este grupo los refinados, los procesados, las carnes rojas, aves, lácteos o huevos. Deben sustituirse por cereales enteros de origen biológico o integrales, por alimentos de origen orgánico (aceites vegetales), verduras, una mínima porción de pescados y frutas. El resultado: personas más saludables e individuos más sociables.

Niveles en la dieta macrobiótica

La alimentación macrobiótica se estructura en un grupo de dietas, organizadas en niveles que van desde el -3 al 7. A lo largo de estos, el individuo debe ir adaptando las características de su alimentación a las proporciones indicadas en cada una de las tablas recomendadas en cada dieta. Así, las cinco primeras va suprimiendo progresivamente los alimentos de origen animal. Las que continúan solo contienen alimentos vegetales y las últimas van excluyendo los alimentos elaborados y procesados hasta llegar al nivel 7, donde solo se consumen cereales triturados y se reduce la ingesta de agua.

Se recomienda evitar ser estrictos y no recurrir a las dietas más extremas. Basar la alimentación solo en la ingesta de cereales puede provocar insuficiencia protéica, anemias y otras disfunciones. Sin olvidar que la reducción drástica del consumo de agua puede provocar insuficiencia renal o deshidratación.

Beneficios de los que presume la filosofía macrobiótica

· Libera al cuerpo de toxinas, haciéndonos sentir saludables, más ligeros y con mejor ánimo.

· Proporciona más resistencia, vitalidad o energía.

· Regula el tránsito intestinal.

· Mejora el apetito, también el sexual.

· Mejora la calidad del sueño.

· Mayor control sobre nuestro destino.

· Incremento de la honestidad con nosotros mismos.

· Mayor rapidez de acción y claridad de pensamiento.

· Estabilidad anímica.

· Reducción de la acidez.

· Disminución del estrés.

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