La mitad de la población tiene o ha tenido hemorroides. Esta patología afecta al doble de hombres que de mujeres.

Según las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) la mitad de la población mundial tiene o ha tenido hemorroides. Esta patología, también conocida como almorranas, afecta al doble de hombres que de mujeres y es casi siempre dolorosa.

En realidad las hemorroides son, simplemente, varices. Es decir, dilataciones e inflamaciones que se producen por la rotura de la capa elástica de la pared venosa de una o de varias de las venas que forman el llamado plexo hemorroidal que recoge la sangre del último tramo del aparato digestivo -el recto- y de ese anillo muscular dilatable que es el ano. La presión sobre esas venas provoca su abultamiento y expansión lo que las vuelve dolorosas, especialmente cuando la persona está sentada.

Por su ubicación, las hemorroides pueden ser de dos tipos. Por un lado, la hemorroide puede ser externa. Esto significa que se trata de venas inflamadas que se encuentran fuera del canal anal. Incluso se las puede ver y palpar fuera del ano y tienen el aspecto de un pequeño bulto del mismo color que la piel. Pero también la hemorroide puede ser interna. En este caso se trata de venas inflamadas que salen fuera del recto. Cuando se vuelven voluminosas se pueden prolapsar -es decir, salir- a través del ano lo que las convierte es un auténtico tormento para quien las sufre.

  • Hemorroide centinela: la que acompaña la fisura de ano.
  • Hemorroide estrangulada: hemorroide interna prolapsada y comprimida por el esfínter anal.
  • Hemorroide externa: hemorroide situada por fuera del esfínter anal.
  • Hemorroide interna: pliegue de la membrana mucosa en la unión anorrectal, causado por edema y dilatación de la vena rectal inferior.
  • Hemorroide prolapsada: vena que pierde sangre, hemorroide interna que sobresale por el orificio anal.
  • Hemorroide trombosada: la que contiene coágulos sanguíneos.

Una vida sedentaria y una dieta pobre en fibra (dieta que conduce al estreñimiento, al esfuerzo por defecar y, por tanto, al exceso de presión sobre las venas del recto y del ano) son los principales factores desencadenantes. Pero, también, las personas que levantan peso en su trabajo o como deporte, las que están sentadas o de pie muchas horas, las que llevan ropas muy ceñidas, los obesos, los ancianos o los que pasan mucho tiempo en el cuarto de baño por estreñimiento o por diarrea son candidatos a padecer esta molesta y a veces peligrosa dolencia. Además tiene un componente hereditario ya que la debilidad vascular de nuestros abuelos o padres nos hace proclives a sufrirla. Las embarazadas suelen padecer hemorroides por el aumento de la presión ejercida sobre las venas iliacas por el útero al ir aumentando de tamaño a medida que avanza la gestación. Afortunadamente lo normal en estos casos es que las almorranas desaparezcan por sí mismas tras el parto.

Aunque algunas hemorroides no dan “problemas”, lo normal es haya síntomas como: sangrado rectal (no muy copioso pero sí frecuente), molestias al defecar, sensación de ardor en el recto, dolor (especialmente cuando se está sentado) y picor.

Para aliviar estos síntomas se pueden intentar varias cosas. Por ejemplo, sentarse en la bañera con agua tibia varias veces al día, colocar bolsas de hielo en la zona, aplicarse cremas antihemorroidales (durante no más de 7 días porque pueden provocar más sangrado y además tienen efectos secundarios al estar compuestas básicamente por cortisona o lidocaína) o tomar algún analgésico para el dolor. La experiencia dice, sin embargo, que a pesar del alivio que suponen estos remedios paliativos en las fases agudas, las crisis reaparecen de forma cada vez más frecuente especialmente si el tratamiento sintomático no se acompaña de cambios de hábitos de vida y de alimentación.

Cuando los distintos procedimientos paliativos no resultan suficientes y las molestias se tornan insoportables es oportuno dar otro paso: intervenir las hemorroides. Para ello el arsenal proctológico dispone básicamente de las siguientes herramientas no quirúrgicas:

  • La escleroterapia. Consiste en inyectar una solución química en la vena inflamada para que se encoja y se endurezca.
  • La criocirugía o congelación de la hemorroide dilatada.
  • La fotocoagulación de la vena inflamada mediante láser o infrarrojos.
  • La ligadura en banda. Se trata de colocar un anillo de caucho alrededor de las hemorroides para evitar que les llegue más sangre y vayan poco a poco secándose y deshaciéndose hasta su cicatrización.

Estas técnicas se utilizan principalmente para tratar hemorroides internas en su fase inicial y sin complicaciones, y las recidivas se producen en un elevado porcentaje de casos. De ahí que muchos de los pacientes opten por someterse a una hemorroidectomía o extirpación quirúrgica de las venas hemorroidales, técnica con la que se resuelven definitivamente hasta los casos más complejos. Aunque suele ser una intervención larga, muy dolorosa y con un postoperatorio desagradable y lento que incluye retención urinaria y problemas para la defecación.

Afortunadamente, para quienes estén pensando en librarse para siempre de sus molestas hemorroides, desde hace algún tiempo se practica en España la que cada vez más urólogos y proctólogos de todo el mundo consideran la mejor técnica para tratarlas ya que consigue los exitosos resultados de la hemorroidectomía (incluso los mejora) al tiempo que supera sus numerosos inconvenientes: el tratamiento DGHAL.

Hemorroides: cuando sentarse es un suplicio
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