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El yoga es uno de los ejercicios más populares, tanto en hombres como en mujeres, ya que sus efectos beneficiosos sobre el cuerpo y sobre la mente son muy notables, y tanto las personas que buscan mejorar su salud física como un equilibrio espiritual encuentran en él una manera de ejercitarse en ambos aspectos.

Para encontrar los orígenes de esta práctica, hay que remontarse hasta La India. Los occidentales no tuvimos la suerte de aprender de manera popular esta disciplina hasta la década de los años 60 del siglo XX. El significado de la palabra “yoga” no está claro, aunque hay dos teorías. Por un lado, la que parece más probable es que provenga de la palabra “juk”, que significa “unión”, y que vendría a representar la unión entre el ser espiritual y el ser físico. La segunda explicación viene de la interpretación de algunos textos sagrados orientales, donde esta práctica se relaciona con la definición “fijar toda la atención en un único punto”, aludiendo claramente al carácter meditativo de esta actividad. Sobre su origen, es difícil poner una fecha como nacimiento, pero está claro que se practica desde hace más de 5000 años, y la tradición dice que una divinidad fue la que enseñó a los ascetas qué era el yoga.

En las escrituras sagradas conocidas como “Vedas“, se menciona el yoga hacia el año 2500 a. de C., poniendo por escrito los fundamentos yóguicos. Aquí es donde podemos encontrar los textos fundacionales de esta práctica, tales como el Bhagavad Gita. Desde su inicio, se ha ido ramificando en diferentes corrientes, interpretaciones y escuelas que se complementan entre sí.

El yoga clásico es el que se suele enseñar en las escuelas, y consta de cuatro caminos, dirigidos en su totalidad a la iluminación espiritual. El Raja es el más extendido, y relaciona cuerpo y mente mediante la meditación. Es muy similar al Hatha, que es la disciplina de las posturas. A continuación, está el Karma, que es el de la acción, destinado a superar los deseos personales y dejar atrás el ego. Por último el Bhakti tiene un carácter más marcadamente místico, incluyendo los cantos, los rituales y las ceremonias. Actualmente existen otras disciplinas de más reciente aparición, como son el Bikram yoga o el Woga, yoga en el agua.

El maestro Patanjali describió en su día los ocho pasos relacionados con el yoga, y que se conoce bajo el nombre de Ashtanga. El primero de los pasos son los los “Yamas“, que son las restricciones de carácter moral como la renuncia a la violencia, la moderación, no robar… le siguen los “niyamas“: austeridad, pureza y conciencia de la divinidad. A continuación, tenemos los “asanas“, es decir, las posturas. Le sigue “Pranayama“, que es la respiración adecuada; “Pratyahara“, que es el recogimiento de los sentidos; “Dharana“, que es la meditación a través de la concentración; “Dyana“, que es la meditación en sí; y finalmente “Samadi“, que la supraconsciencia.

El primer beneficio que se nota al practicarlo es que se mejora rápidamente en flexibilidad general. En las primeras clases es más que probable que no se consigan las posturas que el profesor y otros alumnos sí hacen con soltura, pero a medida que pasen las sesiones, notarás que eres capaz de realizar asanas que te parecían imposibles.

No importa la edad que tengas, otro de los beneficios que aparecen rápidamente al practicar yoga es el de la mejora en la fuerza y la resistencia. Esto es especialmente interesante para las personas mayores, que tienen una mayor propensión a sufrir caídas y dolencias en los huesos como el dolor de espalda o la artritis. La propia flexibilidad hace que se tenga más fuerza.

En el caso de las embarazadas, las asanas recomendadas para ellas permiten que las mujeres en este estado puedan realizar ejercicio de manera segura, sin dañar a sus futuros bebés. Al contrario, los movimientos específicos fortalecen el abdomen y ayudan a que el embarazo vaya más seguro. También se mejora la circulación, haciendo que la retención de líquidos sea mucho menor.

Otro de los efectos beneficiosos del yoga es que se mejora la másea ósea. Está perfectamente documentado que esta práctica hace que los ejercicios específicos previenen la osteoporosis y hacen que los huesos se fortalezcan de manera natural, sin necesidad de acudir a agentes externos. Especialmente reciben este efecto beneficioso los huesos situados en la espina dorsal, es decir, las vértebras. Se evitan las hernias gracias a los plegamientos y aperturas, combinándolas con las torsiones. Más allá de los beneficios físicos, también se obtienen beneficios mentales. La capacidad de concentración aumenta a las pocas semanas de practicar habitualmente.

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